Comentario para Negocios y Turismo | Carlos Márquez /
La Superintendencia de Bancos de la República Dominicana ha puesto sobre la mesa una cifra que merece la atención de los ciudadanos, las entidades financieras y las autoridades monetarias.
Entre enero y agosto de 2026, el organismo ordenó la devolución de RD$115.7 millones a usuarios de servicios financieros, como resultado de 4,968 reclamaciones tramitadas a través de la Oficina de Servicios y Protección al Usuario, conocida como ProUsuario.
La información, divulgada en septiembre por la Superintendencia de Bancos, tiene una importancia que va más allá del monto recuperado.
Nos habla de la necesidad de fortalecer la transparencia, la seguridad de las operaciones y la responsabilidad de las instituciones que administran el dinero de millones de dominicanos.
Entre las principales causas de las reclamaciones figuran los consumos no reconocidos, que representaron el 28% de los casos; las transferencias a terceros no reconocidas, con un 13%; las transferencias erróneas, con un 8%; los retiros de efectivo no reconocidos, con un 7%; y las operaciones en las que se debitó dinero sin que el cajero lo dispensara, con un 5%.
Estos datos reflejan situaciones concretas que pueden afectar el presupuesto de una familia, el capital de trabajo de un pequeño empresario o los ahorros de una persona que depende de sus ingresos para cubrir sus necesidades cotidianas.
Para quien vive de un salario, una transferencia equivocada o un cargo no reconocido puede representar mucho más que una simple diferencia contable.
También debemos considerar la dimensión acumulada del problema.
Entre agosto de 2020 y agosto de 2026, la Superintendencia de Bancos ordenó devolver RD$817.3 millones, correspondientes a 30,294 reclamaciones gestionadas mediante ProUsuario.
Es un balance que evidencia la utilidad de los mecanismos de protección financiera, aunque por sí solo no permite determinar cuántas de estas situaciones fueron errores operativos, fraudes, incumplimientos contractuales u otras causas.
Aquí resulta fundamental distinguir entre la existencia de reclamaciones y la determinación de responsabilidades.
No todas las reclamaciones implican necesariamente una infracción deliberada de una entidad bancaria.
Sin embargo, cada caso que concluye con una devolución representa una razón para examinar los procedimientos, mejorar los controles y garantizar que los clientes reciban respuestas oportunas.
La confianza constituye uno de los principales activos de cualquier sistema financiero. Los bancos necesitan depósitos, los ciudadanos necesitan servicios seguros y las empresas requieren medios de pago eficientes para realizar sus operaciones.
Cuando se debilita la confianza, se perjudica una relación esencial para el funcionamiento de la economía.
Por eso, la supervisión bancaria debe acompañarse de inversiones permanentes en ciberseguridad, verificación de identidad, prevención del fraude, protección de datos y atención al cliente.
La expansión de las transferencias electrónicas facilita los negocios y reduce costos, pero también exige controles capaces de responder a los nuevos riesgos tecnológicos.
Al mismo tiempo, los usuarios deben revisar sus estados de cuenta, activar las alertas de sus operaciones, proteger sus claves y comunicar inmediatamente cualquier movimiento sospechoso.
La prevención requiere tanto la responsabilidad de las instituciones como la participación informada de los clientes.
La Superintendencia de Bancos recuerda que, para acudir a ProUsuario, primero debe agotarse el procedimiento de reclamación ante la entidad financiera correspondiente.
Si la respuesta no satisface al cliente, este puede solicitar la intervención del organismo supervisor y aportar la documentación que respalde su caso.
En definitiva, los RD$115.7 millones devueltos durante los primeros ocho meses de 2026 constituyen una señal concreta de la importancia de los mecanismos de protección financiera.
El desafío consiste en avanzar hacia un sistema en el que las reclamaciones se resuelvan con rapidez, las operaciones sean cada vez más seguras y los ciudadanos tengan plena confianza en que su dinero recibe la protección que merece.
Porque la fortaleza de la banca no se mide únicamente por sus activos, sus beneficios o el volumen de sus créditos.
También se mide por la seguridad que ofrece, la transparencia de sus operaciones y la confianza que inspira en cada dominicano que deposita allí sus ahorros.
Carlos Márquez
Negocios y Turismo


