Se lo advirtieron en la academia de policía: tarde o temprano llegaría a una escena del crimen que lo perseguiría por el resto de su vida. Édgar Vázquez Silva jamás imaginó que ese traumático momento llegaría durante su primera semana como agente del orden en Misisipi. “Nunca había visto a una persona muerta”, recuerda sobre aquella habitación cubierta de sangre que le robó la tranquilidad.
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