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EL ÚLTIMO Y DESESPERADO VIAJE DE NANCY SÁNCHEZ HACIA UN AUXILIO QUE NO LLEGÓ

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El asfalto frente al Hospital Traumatológico Doctor Darío Contreras no solo se tiñó de sangre la madrugada del pasado lunes; se convirtió en el escenario de la radiografía más cruda de la desprotección sistemática que sufren las mujeres en nuestro país. El feminicidio de Nancy Sánchez Gálvez no es una estadística más, es una persecución de terror que terminó en el lugar donde, irónicamente, ella buscaba salvar su vida.

La Crónica de una Cacería Urbana
Nancy no tuvo la oportunidad de ser atendida. Los golpes previos ya habían desfigurado su rostro, dejándola en un estado de vulnerabilidad absoluta. En su desesperación, tomó el volante de su vehículo, buscando el auxilio médico que le devolviera el aliento. Sin embargo, su agresor no pretendía dejar cabos sueltos.

La frialdad del atacante quedó plasmada en el sabotaje previo: le pinchó los neumáticos. Conduciendo un vehículo herido, con la dirección inestable y las llantas destrozadas, Nancy llegó hasta las puertas del centro de salud. Pero la distancia entre la entrada del hospital y la seguridad total se redujo a cero cuando el agresor le dio alcance. Allí, donde la vida se defiende, él decidió apagarla a tiros.

El Desgarrador Testimonio del Dolor
«Yo no pude despedirme de ella por tantos golpes que él le dio. Tenía su rostro desfigurado… Ella fue a buscar primeros auxilios, pero no tuvo tiempo de llegar porque él le pinchó los neumáticos», relata sumergida en la tristeza Teodora Sánchez, madre de la víctima.

Estas palabras desnudan el drama humano detrás del titular. No hay consuelo para una madre que debe enterrar a su hija sin reconocer su rostro original, sabiendo que el último trayecto de su vida fue una carrera de terror contra el tiempo y la muerte.

Las Grietas del Sistema
El caso de Nancy Sánchez Gálvez pone sobre la mesa tres fallas estructurales que se repiten en cada tragedia de esta índole:

Los centros de salud, especialmente los de emergencias traumatológicas, carecen de protocolos de seguridad perimetral inmediata que puedan repeler ataques civiles armados en sus entradas principales.

Los feminicidas actúan bajo una lógica de cacería. No se detienen ante el entorno público ni ante la presencia de testigos o personal de seguridad no armado.

Desde que se produce la agresión física en el hogar hasta que se llega a un centro de ayuda, existe un «limbo de seguridad» donde la víctima queda completamente a merced del victimario.

Actualmente, las autoridades de la Policía Nacional y el Ministerio Público avanzan en las pesquisas para capturar al agresor y profundizar en el entorno en el que ocurrió el crimen. Mientras tanto, la indignación colectiva exige que la protección a las mujeres deje de ser una promesa de papel y se convierta en una garantía real, antes de que la próxima emergencia termine a las puertas de un hospital.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

 

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