-Doblete sísmico en Venezuela: La tragedia que desnuda más que fallas tectónicas-
Lo que ocurrió el 24 de junio de 2026 no fue “un temblor más”. Fue un doblete sísmico de magnitudes 7.2 y 7.5, con apenas 39 segundos de diferencia, epicentro en la zona central-norte (Morón, San Felipe, Yumare), profundidad superficial. El más fuerte en más de un siglo en el país. Hasta el cierre de esta pieza: al menos 164 fallecidos, cerca de 1.000 heridos, decenas de edificios colapsados y cientos de desaparecidos bajo escombros.
Caracas y el litoral central vivieron el infierno en tiempo real: videos muestran gente corriendo, edificios agrietándose, polvo y pánico. El aeropuerto de Maiquetía afectado, réplicas constantes. El sismo se sintió en Colombia, Aruba, Curazao y Trinidad.
Venezuela no es Japón ni Chile en materia de construcción antisísmica. Décadas de abandono de infraestructura, edificios de los 70-80 sin mantenimiento, barrios populares densos y un Estado más acostumbrado a manejar crisis políticas que emergencias reales. El resultado: colapsos evitables que ahora se cuentan en vidas.
Este evento llega en un país ya fracturado: economía en terapia intensiva, migración masiva, instituciones debilitadas y una maquinaria gubernamental más enfocada en narrativa que en prevención. FUNVISIS lleva años alertando sobre la actividad en la falla de Boconó y el Caribe, pero la inversión en mitigación, reforzamiento estructural y educación sísmica ha sido históricamente insuficiente.
El estado de emergencia declarado es necesario, pero también abre preguntas incómodas:
- ¿Cómo se distribuye la ayuda internacional que ya ofrecen varios países (incluyendo EE.UU.)?
- ¿Habrá transparencia real en las cifras de víctimas y daños, o primará el control de la información?
- ¿Se usará esta tragedia para unir esfuerzos o para más polarización?
En un país donde la gente ya vive en “modo supervivencia” diaria (apagones, escasez, inseguridad), un desastre natural de esta escala no solo destruye paredes: multiplica el trauma colectivo.
Réplicas seguirán. El riesgo de más colapsos es real en las próximas horas/días. Las labores de rescate son heroicas pero complicadas por la falta de recursos y la infraestructura previa. La solidaridad venezolana —esa que siempre surge en crisis— volverá a ser el principal salvavidas.
Pero la lección de fondo es estructural: un país que no invierte en prevención y mantenimiento paga con vidas cuando la tierra se mueve. No es solo geología. Es gobernanza, planificación y prioridades.
Venezuela tiembla literal y figurativamente. Mientras rescatistas remueven escombros, la pregunta incómoda queda en el aire: ¿cuánto más tendrá que resistir este pueblo?
Seguimos monitoreando. Datos oficiales, reportes de campo y fuentes cruzadas. Porque en momentos como este, la información verificada es también una herramienta de supervivencia.
Fuentes: USGS, FUNVISIS, reportes oficiales y medios independientes. La situación evoluciona hora a hora.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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