POR EL TRILLO DE LA INTRAHISTORIA
LA GÉNESIS DE LA LUCHA POLÍTICA EN LA NACIÓN DOMINICANA
Por Ramon Emilio Espinola
«La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios, sino sobre las faltas de los demócratas.»
— Albert Camus

RESUMEN (ABSTRACT)
La historia política de la República Dominicana es, en gran medida, la historia de la lucha entre dos concepciones antagónicas de nación: una, fundamentada en los ideales de soberanía, libertad y autodeterminación; otra, edificada sobre el pragmatismo político, el poder económico y la dependencia de fuerzas extranjeras.
Este ensayo examina los orígenes de esa confrontación desde el nacimiento de la República en 1844 y analiza cómo las contradicciones sociales, económicas y políticas de los primeros años de la independencia constituyeron el terreno fértil sobre el cual, décadas más tarde, pudo edificarse la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina.
Comprender esta génesis política no constituye un simple ejercicio de erudición histórica, sino una necesidad cívica, pues los pueblos que olvidan las causas de sus tragedias terminan reproduciendo, una y otra vez, los mismos errores.
INTRODUCCIÓN
La historia no es un museo de recuerdos muertos. La historia es un espejo. Y, con demasiada frecuencia, los pueblos se niegan a contemplar en él sus propias deformidades.
Se hace necesario el conocimiento histórico para comprender las razones por las cuales pudo existir en la República Dominicana una de las tiranías más prolongadas, implacables y personalistas del continente americano: la dictadura de Trujillo. Pero, aún más, ¿por qué existen hoy días ansias nostálgicas de trujillismo? Pero también, ¿por qué el presidente actual es una excelencia todopoderosa? Será todo esto parte de la idiosincrasia mental del pueblo dominicano.
No basta con estudiar al tirano. Es preciso estudiar las circunstancias que hicieron posible su ascenso, las debilidades de la sociedad que lo permitió y las fracturas políticas que, durante casi un siglo, prepararon el camino para el establecimiento de un régimen totalitario.
La historia enseña que ninguna dictadura surge por generación espontánea. Ningún déspota aparece de la nada. Todo autoritarismo es hijo de un proceso previo, de instituciones débiles, de rivalidades sociales irresueltas y, en no pocas ocasiones, de la incapacidad de las fuerzas democráticas para construir consensos nacionales.
Por ello debemos caminar por los senderos de nuestra intrahistoria para tratar de comprender —si es que es posible comprender plenamente— las causas que dieron origen a uno de los regímenes más crueles del siglo XX.
LA GÉNESIS DE LA LUCHA POLÍTICA EN LA NACIÓN DOMINICANA
¿Cómo pudo un hombre de carne y hueso, tan mortal como cualquier otro, llegar a ser considerado por muchos de sus contemporáneos una especie de enviado providencial?
¿Cómo pudo crearse alrededor de un individuo un culto tan extraordinario que se le llamara «Benefactor de la Patria», «Padre de la Patria Nueva», «Perínclito Varón» y «Primer Maestro»? De milagro no lo llamaron Primer Zapatero, o primer sabe Dios qué cosa, lo importante es que tenía que ser primero en todo.
¿Cómo pudo llegar a creerse que todo lo bueno provenía de él y que la nación entera le debía su existencia?
Tal vez por ello, en el hospital psiquiátrico de Santo Domingo se colocó durante años un enorme letrero que rezaba:
«Todo se lo debemos a Trujillo.»
Pocas frases resumen de manera tan dramática el grado de enajenación política al que puede llegar una sociedad sometida al culto de la personalidad.
Pero para entender ese fenómeno es necesario retroceder muchas décadas en el tiempo.
EL NACIMIENTO DE LA REPÚBLICA Y LA PRIMERA GRAN DIVISIÓN POLÍTICA
Con la separación de Haití nació la República Dominicana.
Aquel nacimiento fue el resultado del patriotismo, del sacrificio y de la visión de un hombre extraordinario: Juan Pablo Duarte.
Duarte y sus compañeros lo ofrendaron todo por la libertad nacional. No lucharon por privilegios, ni por riquezas, ni por posiciones de mando. Lucharon por una idea: la creación de una nación libre, soberana e independiente.
Por ello, la historia lo reconoce, con justicia, como el Padre de la Nacionalidad Dominicana.
La semilla que sembró en el corazón de aquellos jóvenes idealistas produjo finalmente sus frutos en la noche memorable del 27 de febrero de 1844.
Sin embargo, el destino quiso que Duarte se encontrara en el exilio al momento de proclamarse la independencia.
Y su ausencia tendría consecuencias históricas de enorme trascendencia.
EL VACÍO DE PODER
Los trinitarios se encontraron sin su principal guía político e ideológico en el momento más delicado de la naciente República: la organización del nuevo Estado.
Cuando Duarte regresó al país, la lucha por el poder ya se había definido entre dos grupos profundamente distintos:
- Los trinitarios.
- Los hateros.
De aquella confrontación surgió la primera gran pugna política de la República Dominicana, representada por las figuras de Duarte y de Pedro Santana.
DOS PROYECTOS DE NACIÓN
¿Por qué eran antagónicos estos grupos?
La respuesta es sencilla.
Los hateros constituían la clase económicamente dominante del país.
Eran los grandes propietarios de tierras y ganado.
Controlaban la riqueza existente y, en consecuencia, poseían una influencia política enorme.
Los trinitarios, por el contrario, estaban integrados en su mayoría por jóvenes de la pequeña y mediana burguesía urbana, poseedores de una formación liberal y de un profundo sentimiento nacionalista.
Los primeros desconfiaban de la viabilidad de una independencia absoluta.
Los segundos creían en la posibilidad de construir una nación libre y soberana.
Los hateros buscaban un protectorado extranjero.
Los trinitarios defendían la independencia pura y simple.
No se trataba únicamente de una lucha entre hombres.
Era una lucha entre dos concepciones de patria.
¿POR QUÉ TRIUNFARON LOS HATEROS?
Por una razón elemental de la ciencia política:
Poseían el dinero y poseían la capacidad de movilizar hombres.
Los grandes hateros podían convocar, en cualquier momento, a cientos y hasta miles de peones que trabajaban en sus propiedades.
De aquellos hombres surgiría el primer ejército dominicano que enfrentó heroicamente las invasiones haitianas.
El poder económico se transformó así en poder político y militar.
Duarte no disponía de semejantes recursos.
No poseía grandes extensiones de tierra.
No tenía hatos.
No contaba con ejércitos privados.
Su fuerza residía únicamente en el ideal.
Por ello resulta injusto y hasta irresponsable afirmar que Duarte perdió el poder por falta de habilidad política. Duarte tenía mayor capacidad que todos los líderes burgueses juntos y su amor por la patria y la libertad no conocía parangón.
Si Duarte hubiese carecido de visión y capacidad, probablemente hoy no existiría la República Dominicana.
La realidad histórica es mucho más compleja de lo que el común denominador de las gentes se imagina.
Pedro Santana era el líder natural de la poderosa clase hatera y esta controlaba los principales recursos económicos del país: el ganado, la explotación forestal y la agricultura.
En consecuencia, la primera victoria política de la República fue también la primera derrota del idealismo frente al poder económico.
Y esa realidad marcaría profundamente el desarrollo político dominicano durante más de un siglo.
CONCLUSIÓN EDUCATIVA
La historia dominicana demuestra que las naciones no se construyen únicamente con héroes ni se destruyen solamente por culpa de los tiranos.
Las naciones también se edifican o se derrumban por las decisiones colectivas de sus ciudadanos, por la fortaleza de sus instituciones y por la capacidad de sus dirigentes para colocar el interés nacional por encima de las ambiciones personales.
La lucha entre trinitarios y hateros inauguró una larga tradición de enfrentamientos entre el ideal y el poder, entre la patria concebida como un proyecto de libertad y la patria entendida como un instrumento de dominación.
Cuando las instituciones son débiles, los caudillos florecen.
Cuando los principios se subordinan a los intereses particulares, la libertad se debilita.
Y cuando un pueblo olvida su historia, termina por entregar su destino a quienes prometen orden a cambio de obediencia.
La dictadura de Trujillo no nació en 1930.
Su semilla había comenzado a germinar mucho antes, en las contradicciones y fragilidades de la República naciente.
EPÍLOGO
La historia es un viejo caminante que nunca se cansa de advertirnos.
Camina lentamente por los senderos del tiempo llevando en sus manos una lámpara encendida. Quien escucha sus lecciones puede evitar los abismos; quien las desprecia está condenado a tropezar una y otra vez con las mismas piedras.
Los pueblos que olvidan a Duarte terminan buscando nuevos mesías.
Los pueblos que abandonan la virtud republicana terminan inclinándose ante los caudillos.
Y los pueblos que dejan de educar a sus ciudadanos terminan llorando, generación tras generación, las consecuencias de su propia amnesia.
La libertad, como la patria, nunca está definitivamente conquistada.
Debe defenderse cada día.
BIBLIOGRAFÍA EDUCATIVA
(El propósito de esta bibliografía es para que la gente se eduque con la lectura de base)
Bosch, Juan. Composición Social Dominicana. Santo Domingo: Editora Alfa y Omega.
Bosch, Juan. El Caribe: Frontera Imperial. Santo Domingo: Alfa y Omega.
Cassá, Roberto. Historia Social y Económica de la República Dominicana. Santo Domingo: Editora Universitaria.
Franco Pichardo, Franklin. Historia del Pueblo Dominicano. Santo Domingo: Sociedad Editorial Dominicana.
Moya Pons, Frank. Manual de Historia Dominicana. Santo Domingo: Caribbean Publishers.
Moya Pons, Frank. La Dominación Haitiana. Santo Domingo: Universidad Católica Madre y Maestra.
Troncoso Sánchez, Pedro. Vida de Juan Pablo Duarte. Santo Domingo: Editora del Caribe.
Vega, Bernardo. Trujillo y las Fuerzas Armadas Norteamericanas. Santo Domingo: Fundación Cultural Dominicana.
Wiarda, Howard J. Dictatorship and Development: The Methods of Control in Trujillo’s Dominican Republic. Gainesville: University of Florida Press.
Galíndez, Jesús de. La Era de Trujillo: Un Estudio Casuístico de Dictadura Hispanoamericana. Buenos Aires: Editorial del Pacífico.
Camus, Albert. El Hombre Rebelde. Madrid: Alianza Editorial.
(Nota) La foto que publicamos es la única real de Duarte; fue tomada por Prospero Rey en Caracas en 1873 debido a la insistencia de su hermana Rosa Duarte. AGN


