InicioCEREPOESIAARTE Y CULTURADESTELLOS DE GLORIA, NOVELA DE CÉSAR ABRÉU FERNÁNDEZ

DESTELLOS DE GLORIA, NOVELA DE CÉSAR ABRÉU FERNÁNDEZ

-

Por Miguelina Medina*
A Rafael Hernández Figueroa

En mi breve presentación de esta obra quiero empezar exponiendo el sentido testamentario o medular de la misma y es que exalta el mensaje de Duarte: “Nuestra patria ha de ser libre e independiente o se hunde la isla” (p. 155 y p. 61), combatiendo enérgicamente la, calificada por mí, obscena, dicha por los haitianos desde los inicios “La isla es una e indivisible” (p. 152), además de vomitar a la, también calificada por mí, ramera “Gracias a Dios volveremos a ser españoles” (p. 310), ampliando este rechazo a cualquier nación que lo intente (como el caso de Inglaterra, según registra la obra en las páginas 276 y 277).

La motivación que tuvo este autor es el patriótico, el amor al patrio suelo, sin el cual no tuviera alma esta obra, aunque el motivo adyacente, también es claro, como él lo dice en su “confesión” es realzar y dar reconocimiento a las obras determinantes de los veganos en las luchas por la soberanía nacional ganada a pulso pero llena de conciencia y de conocimiento —y de paz pese a que ellos optaran por la guerra— por lo que se pueden nombrar de intelectuales, pues fueron formados persistentemente a través del tiempo en la historia, filosofía y en la teología por los sacerdotes y militares (en este último caso incrustados dentro del bando contrario debido a las estrategias de guerra).

Todos los pueblos citados en esta novela son reales al igual que los nombres de los combatientes, excepto el de Chago Roque y alguno que otro nombre de mujer que el autor echó mano debido al género mismo que lo impone y a su deleite como auténtico narrador. Personalmente, agradezco al autor valorar la primacía del general Santiago Rodríguez en la Restauración de la independencia de la república al hacer explotar su corazón volcánico y patriótico responsable de tomar la iniciativa de izar en Capotillo, junto a un grupo de también patriotas, la insignia tricolor que nos identifica como dominicanos a partir de entonces y para siempre (pp. 311-312).

Esta obra es claramente una novela, pues cuenta con los recursos estéticos que así la conforman: narra una historia central vertical, la soberanía nacional de la recién fundada República Dominicana, arrancada de los 22 años en posesión haitiana, en 1844; sobre este tema el autor aglomera las luchas a favor de este hecho que los dominicanos quisieron
mantener impoluto ante los intentos de muchos de mantener la mancha de la esclavitud sobre esta nación. Dicho tema lo manejó sobre una tabla de fechas que no aflojó durante toda la narración: casi como una crónica desarrolló los sucesos. A su historia el autor la dotó de un personaje principal, que no es un alter ego como dicen que lo es, los que la han leído, el inspector Dolores Morales en la obra del destacado escritor nicaragüense Sergio Ramírez titulada La maldición de Ranfis, aunque sí es un digno justiciero de la soberanía de su país y de que su carta magna sea la mejor para sus ciudadanos,
primeramente, y luego para la convivencia de respeto de los derechos de los pueblos de los que tenían conocimiento. Creo también que este maravilloso personaje, Cesar Abréu lo armó con sus propias dotaciones patrióticas y morales y, para suerte del lector, no lo mató y al final de la obra quedó vivo, como lo deseábamos, junto a su esposa e hijos y a muchos compañeros de luchas.

 

Otro rasgo que exhibe el género en esta obra es la estética o la forma o la palabra narrativa, misma que el autor adorna con su espíritu de poeta de principio a fin, pues las descripciones de los momentos, tanto espirituales como del cosmos mismo, llegaron a parecernos parte de los personajes silentes de la obra que también sufrieron desgaste emocional, como los ríos, el mar o la luna y el sol, sentimientos conocidos a través de las alteraciones místicas del narrador que no son más que la encarnación de la propia hipersensibilidad del autor, Todo esto proporciona un deleite al lector cansado del terror de la guerra sangrienta que se libraron en ella, hechos que aluden claramente a las que libró en la vida real este país de América.

 

El narrador, omnisciente en gran manera, tuvo sus momentos de parcialidad, dato que comprobamos al ya ofrecido por el autor mismo en su “confesión” al inicio de la obra. Es bueno decir que el autor formó a este personaje central de su obra magnífica y completamente, desde mozalbete hasta alcanzar la madurez en sus luchas patrióticas al lado de otros que subieron formándose como él alcanzando este el grado de coronel. El autor dotó al
hombre —y narró desde sus inicios hasta el fin— del amor de una mujer: entre Chago Roque y su esposa Mercedes, una fabulosa muchacha de familia respetuosa de las buenas costumbres y una compañera fiel y justa con los designios divinos de su marido, hecho que adornó con esmero trayendo al lector las antiguas maneras para establecer una relación seria con una muchacha, o, mejor nombrado, matrimonio.

 

Palabras como tisana, mejunje, o registros culinarios como batata y yuca con tocino, nos fascinaron a la hora de encontrarnos con ellas en esta obra. No faltó la atrevida muchacha que atraída por los militares apuestos se le quisiera entregar por pasión o por ardor de la edad y el personaje, respetuosamente, negarse a su desafuero aun habiéndose escondido ella dentro de su cama.

La obra es, por tanto, para mí una historia novelada, pues está dotada en su totalidad de los hechos reales (como el mismo autor lo anuncia en su “confesión”) de nuestra historia vívida. Y, como nos ha aclarado el narrador experto en novelas históricas Bruno Rosario Candelier, si hay más historia (como es este caso de Destellos de gloria) es historia novelada, y si hay más ficción, es novela histórica —esto para registrar el velo frágil de la diferencia—), aunque, por supuesto, el autor fabuló en gran manera las palabras y formas de hablar de aquellos tiempos, además de que recordó el suceso del Descubrimiento de América, pues es, no lo olvidemos, una novela, una creación literaria narrativa.

Tiempo de la narración

La novela abarca 22 años de narración desde 1841 hasta 1863. Inferimos que el personaje Chago Roque tendría, al inicio de la historia, unos 14 años, pues muy joven fue huérfano de padre, dice la obra, y en su sobrevivencia y labranza de la tierra tuvo que hacerse cargo de muchas cosas de las de su padre para ayudar a su madre. Así que tendría, al final de la obra, unos 36 años. Y abarca los hechos de la Independencia y la Restauración de la república. En este sentido, el autor no dejó pasar la oportunidad de narrar costumbres religiosas así como también las festividades del nacimiento de Jesús o
la Natividad o Navidad, pues es un dominicano a carta cabal y también creyente en Dios, sin dejar de creer en la intuición y el mito y revelación mística.

Punto cúspide de fascinación

Debido al amor y a la admiración de Chago Roque por el patricio Juan Pablo Duarte, el autor grabó unos párrafos con esta exuberante personalidad en donde el personaje se deleitó hablando con él y escuchándolo expresarse… y mirarlo a los ojos y el sublime porte lo cual le pareció divino e increíble (pp. 119-125), como les parecerá a muchos de los lectores, dentro de los cuales me incluyo, inclusive acompañados de sollozos.

Frases célebres del autor en su obra

Las citas faltantes de algunos pasajes las colocaré en mi estudio al momento de su publicación en el boletín del Ateneo Insular, si el maestro así lo permite. Por ahora solo citaré dos frases célebres de las muchas que recorren esta obra de César Abréu Fernández, como nos ha enseñado don Bruno Rosario Candelier que deben tener todas las obras literarias o tratar de encarnar en ella una “noticia nueva” o novella.

La primera, que da testimonio de la relación con Dios del autor, un maestro de altas y quizás subliminales enseñanzas, y de que quizás hay algo nuevo en aquella historia del descubrimiento de América, algún impacto en esta isla que aún no ha iluminado como lo ha debido hacer para sanación de estos pueblos sometidos a esta aparente incongruente alta Voluntad, y que tal vez no se ha recogido en ningún ensayo ni ficción ni argumento teológico (de donde viene quizás este deseo de libertad y defensa de nuestra fe a ultranza, entre otros detalles históricos), es la siguiente y muy amplia de argumentos —en voz del narrador— (p. 59):

Al llegar a la cima eran esperados por los habitantes del lugar, quienes en vista de que en el lugar donde estaba edificada la iglesia aún permanecían los restos de sus paredes y techo caídos durante el terremoto del año anterior [1842], construyeron un altar provisional debajo del árbol de níspero, de cuyas ramas -conforme cuenta la leyenda- Cristóbal Colón ordenó confeccionar la Veracruz que se plantó en aquel lugar por primera vez en América, en marzo de 1494, momento en el cual quedó establecida por el sacerdote mercedario Juan Infante que acompañaba a Colón, la devoción a la virgen de Las Mercedes. Pero… ¿qué condujo a Colón a plantar la cruz de Cristo por primera vez en el Nuevo Continente en ese lugar? Veamos: Colón, merodeando por esos lugares, percibió acercarse la noche, cuando el manto púrpura que desde el horizonte iba lentamente perdiendo su color hasta desvanecerse en lo gris del crepúsculo anunciando la noche que se avecinaba con su imponente pedrería sideral, en busca de protección y para pasar la noche ascendió al cerro [Santo Cerro, La Vega]. Mientras subía, un cambiante verde se extendía bajo sus pies, albergando palmas pretendiendo horadar el firmamento, mientras zapoteros, caimitos, bijas, guanábanos, guayabos y mameyes se abrazaban y ofrecían sus
copas a pájaros que, batiendo sus alas multicolores, llenaban el espacio de poli-armónicas sinfonías. ¡Nunca antes se sintió tan cerca de Dios!

 

La otra frase célebre es la siguiente (p. 122, año 1844, Duarte en La Vega):

Al pasar por el puente de piedras construido por los haitianos en la calle Del Caño, las patas de los caballos resonaron y llenaron el espacio de un ruido que parecería como si desde lo más profundo del corazón de la tierra estaría palpitando de júbilo, ruido que se confundía con el unísono latir de los corazones de los veganos al ver llegar al hacedor de la patria.

Notas bibliográfícas:

ABRÉU FERNÁNDEZ, César Arturo: Destellos de gloria, Santo Domingo, Santuario, 2023.

ACENTO.COM: ‘Las luchas en Centroamérica contra las dictaduras nunca habrían sido
posibles sin Costa Rica como lugar de refugio y libertad’: Sergio Ramírez, novelista y
exvicepresidente de Nicaragua (Autor: BBC News Mundo). Fecha: 18-5-2026.
Disponible en: https://acento.com.do/bbc-news-mundo/las-luchas-en-centroamerica-
contra-las-dictaduras-nunca-habrian-sido-posibles-sin-costa-rica-como-lugar-de-
refugio-y-libertad-sergio-ramirez-novelista-y-exvicepresidente-de-nicaragua-
9680822.html (consulta [en línea]: 26 de junio de 2026):

ROSARIO CANDELIER, BRUNO: «El secreto del monje, de Arnaldo Espaillat Cabral: una
novela histórica con una lección ejemplar». Academia Dominicana de la Lengua, 26 de
noviembre de 2019. Disponible en: https://academia.org.do/2020/09/04/el-secreto-del-
monje-de-arnaldo-espaillat-cabral/ (consulta [en línea]: 26 de junio de 2026).

 

*Miguelina Medina es una poeta oriunda de Sabaneta, Santiago Rodríguez,

Related articles

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Stay Connected

0SeguidoresSeguir
3,912SeguidoresSeguir
22,900SuscriptoresSuscribirte

Latest posts