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EDITORIAL: La sostenibilidad imperativo geopolítico del turismo dominicano

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Carlos Marquez Cabrera /

La industria turística global enfrenta una encrucijada sin precedentes, iniciando en las variables ambientales que, han dejado de ser indicadores ecológicos para convertirse en factores determinantes de la competitividad geopolítica y la viabilidad económica.

Para la República Dominicana, nación insular caribeña altamente expuesta a los efectos del cambio climático, la preservación de su patrimonio natural no es un lujo decorativo ni un simple slogan publicitario de nuestra, Marca País.

Se trata, fundamentalmente, de un imperativo de seguridad nacional y sostenibilidad soberana.

El fenómeno del sargazo, que afecta cíclicamente a nuestras franjas costeras, es la manifestación más visible y lacerante de esta crisis global.

El brote masivo de esas algas no solo altera el paisaje de nuestras playas de arena blanca y degrada los ecosistemas marinos, constituyen una amenaza directa a la rentabilidad hotelera y a la reputación internacional de nuestros destinos.

Tratar esta problemática mediante parches improvisados o soluciones cosméticas individuales es un error estratégico.

La diplomacia dominicana está llamada a liderar una respuesta regional y geopolítica articulada en la cuenca del Caribe y el Atlántico, resaltando la responsabilidad de las  naciones industrializadas por la contaminación oceánica.

Por igual, canalizando fondos internacionales para la investigación y la industrialización del sargazo.

Tambien, la gestión de los recursos hídricos constituye la columna vertebral de la ética ambiental que debemos exigir al sector.

La expansión acelerada de infraestructuras hoteleras y campos de golf en zonas de alta fragilidad hídrica ha generado una presión alarmante sobre nuestros acuíferos subterráneos y ríos.

Resulta inaceptable e insostenible que complejos de lujo consuman millones de galones de agua dulce diariamente mientras las comunidades locales adyacentes sufren escasez severa, contaminación de pozos por intrusión salina y carencia de servicios de agua potable.

Un turismo responsable debe estar respaldado por la instalación obligatoria de plantas desalinizadoras de bajo impacto energético, por el reciclaje integral de aguas grises y la protección estricta de las cuencas hidrográficas.

Frente a un viajero internacional cada vez más consciente y exigente en materia ecológica, la República Dominicana debe transitar del discurso del crecimiento cuantitativo a una política de turismo regenerativo.

Esto implica integrar la preservación de la biodiversidad, la reforestación del bosque seco y de manglares, junto a la reducción drástica de la huella de carbono dentro de las obligaciones legales del capital turístico.

Teclalibre Multimedios entiende que, la fortaleza de nuestro destino en el siglo XXI no residirá en la cantidad de cemento construido sobre el litoral, sino en nuestra capacidad ética para salvaguardar la riqueza natural de la patria para las presentes y futuras generaciones.

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