Víctor Andrés Quintero, un colombiano de Cali que vive en Miami hace siete años, se enteró del terremoto en Colombia por el chat de WhatsApp de su familia. Los primeros mensajes los enviaron sus tíos que viven en España, entre estos un video que circulaba en redes sociales donde se ve a varias personas que salen corriendo de una clínica en Cali, cuando trozos de edificios cercanos se desprenden y caen sobre ellas. Quintero reconoció entre las mujeres a su tía Myriam, la que lo crió desde que su madre murió cuando él tenía nueve años.
“De una supe que era ella. Estaba en el médico en ese momento. Se ve cuando caen las cosas y, pues, les caen a ella y a otra señora ahí que la estaba ayudando a salir”, cuenta Quintero, de 42 años, a EL PAÍS. Entonces comenzó a llamar desesperadamente a su padre y otros dos tíos, todos adultos mayores, que también viven en Cali, pero las llamadas no entraban. “No podía hablar con nadie. Nada. No había señal”, agrega.
Finalmente pudo comunicarse con una prima que vive en España y estaba de visita en Cali. Le dijo que había podido ir hasta la clínica, en el vecindario de Tequendama, y confirmar con la policía la identidad de su tía, que había muerto. “Solamente el mensaje de ella llorando, diciéndome eso, y ya. No he podido hablar con más nadie”.
El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el occidente de Colombia a las 7.34 de la mañana de este lunes ha dejado más de un centenar de muertos, decenas de heridos y miles de viviendas dañadas, según estimados preliminares hasta la tarde del lunes, mientras grupos de rescatistas, vecinos y autoridades siguen excavando buscando sobrevivientes bajo los escombros. Al menos 61 edificios colapsaron, según informó el nuevo presidente del país, Abelardo de la Espriella. El epicentro del sismo se registró en San José del Palmar, en el departamento del Chocó, según los primeros reportes de las autoridades.
La angustia de Quintero para contactar a sus familiares la compartieron miles de personas en el sur de Florida, donde vive la mayor diáspora colombiana de Estados Unidos. De los 1,3 millones de colombianos que viven en EE UU, más de 400.000 residen en este Estado, con las mayores concentraciones en los condados de Miami-Dade y Broward, según cifras del Censo. El Migration Policy Institute estima que en la zona vive el 35% de todos los colombianos en Estados Unidos, un grupo demográfico hispano con uno de los mayores crecimientos de los últimos años, según el centro de investigaciones Pew.
Cristhian Mancera, concejal y líder comunitario colombiano en Miami-Dade, dice que durante todo el lunes “el teléfono no paró”. También le escribían por Instagram. La mayoría eran colombianos de Cali y del Valle del Cauca que viven en Miami, preocupados por sus familiares. Durante el día lograron comunicarse con familias afectadas en Cali, Pereira y Manizales, asegura.
Otros le preguntaban: “Dime qué necesitas para poder ayudar”. Mancera dice que desde su oficina en el Área 11 de Miami-Dade, en Kendall, al suroeste del condado, ha estado coordinando con organizaciones locales para recolectar ayuda humanitaria para los damnificados. En principio, están recogiendo alimentos no perecederos, agua, medicamentos, pañales y otros productos básicos, pero Mancera dice que están esperando informaciones de cuáles son las necesidades más urgentes sobre el terreno. El concejal explica que están en contacto con organizaciones en Colombia para distribuir las donaciones, y con Global Empowerment Mission (GEM), una organización de ayuda humanitaria del sur de Florida.
Carlos Naranjo, de la organización comunitaria Semillas Colombia, cuenta que están coordinando con iglesias en Fort Lauderdale y Oakland Park, en el condado Broward, para recolectar donaciones, y que el sábado tendrán un encuentro comunitario en Fort Lauderdale “para que la comunidad exprese sus preocupaciones y organizar otras acciones”.
Para Quintero, la tragedia tiene un dilema adicional. “No tengo papeles aquí, yo soy indocumentado”, reconoce. Si regresa a Colombia, corre el riesgo de no poder volver. Él vive solo en Miami, adonde vino a trabajar para enviar remesas y ayudar a su familia, sobre todo a su tía. “Yo le enviaba todo a ella. Por ella es que estoy por acá”, dice con pesar.
Como Quintero, “hay mucha gente que está en esa misma situación, desafortunadamente”, señala Mancera. Si tienen una emergencia familiar, alguien enferma o muere, “tienen que escoger”, si ir a Colombia o tratar de ayudar desde la distancia.
Naranjo sostiene que han recibido “muchas llamadas de personas sin estatus que no pueden viajar a ver a sus familiares que hoy perdieron su vida”. Estamos tomando nota de personas que no logran localizar a sus familiares para conectarlas con autoridades en Colombia”, agrega.
Quintero, por su parte, todavía no sabe qué hará, pero al menos consiguió confirmar que su padre y sus tíos estaban bien gracias a una vecina que pudo comunicarse con ellos. “Yo estoy con mi cabeza que no sé ni qué hacer”, admite. “La persona a la que yo estaba ayudando, pues ya no está”.


