POR EL TRILLO DE LA INTRAHISTORIA
EXPULSIÓN DE DIPLOMÁTICOS CUBANOS EN SANTO DOMINGO
Por Ramon Emilio Espinola

Una nueva página en la accidentada historia de las relaciones dominicano-cubanas
La historia de las relaciones entre la República Dominicana y Cuba parece condenada a caminar por una senda donde la fraternidad de sus pueblos convive, con frecuencia, con las turbulencias de sus gobiernos. Dos naciones caribeñas unidas por la lengua, la cultura, la música, la sangre, las migraciones y una larga tradición de solidaridad han conocido, sin embargo, momentos de profunda confrontación política.
El episodio ocurrido este 13 de agosto de 2026, con la decisión del Gobierno dominicano de disponer la salida del territorio nacional de varios funcionarios de la Embajada de Cuba en Santo Domingo, vuelve a colocar esas relaciones bajo la luz de la controversia.
Según la información consignada en el comunicado dominicano recogido para este ensayo, fueron nueve funcionarios diplomáticos a quienes se concedió un plazo de siete días para abandonar el territorio nacional.
El Gobierno cubano, por su parte, afirmó que fueron diez funcionarios diplomáticos, además de sus familiares, los afectados por la medida.
La discrepancia sobre el número exacto de personas expulsadas constituye, por sí misma, un detalle que deberá ser esclarecido por las respectivas cancillerías.
Hasta el momento de redactarse estas líneas, no se ha hecho pública, en las fuentes oficiales dominicanas que he podido localizar, una explicación detallada de las razones concretas que motivaron la decisión. Por ello, cualquier interpretación sobre las causas debe manejarse con cautela y distinguirse de los hechos comprobados.
La diplomacia también tiene sus silencios
En el lenguaje diplomático, una expulsión no es un simple acto administrativo. Cuando un Estado receptor exige la salida de funcionarios de una misión extranjera, el gesto tiene inevitablemente una dimensión política.
La Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961, en su artículo 9, reconoce al Estado receptor la facultad de declarar persona non grata a un agente diplomático, sin que esté obligado a explicar las razones de su decisión. La norma forma parte de uno de los mecanismos mediante los cuales los Estados protegen su soberanía y regulan la convivencia entre misiones diplomáticas.
Por eso, la invocación de la Convención de Viena no constituye, por sí misma, una anomalía jurídica.
Lo verdaderamente importante es determinar qué ocurrió detrás de la decisión política.
Y ahí comienza el territorio de la historia, donde muchas veces los documentos hablan poco y los acontecimientos terminan hablando demasiado.
1959: CUANDO EL CARIBE SE CONVIRTIÓ EN CAMPO DE BATALLA POLÍTICO
Para comprender la sensibilidad de la noticia actual es necesario regresar a 1959.
El triunfo de la Revolución cubana el 1 de enero de 1959 transformó radicalmente el equilibrio político del Caribe. La caída de Fulgencio Batista y la llegada de Fidel Castro al poder produjeron una reacción inmediata en el régimen de Rafael Leónidas Trujillo.
Trujillo veía en la Revolución cubana no solamente un fenómeno político extranjero, sino una amenaza potencial para la supervivencia de su propio régimen.
Y tenía razones para preocuparse.
Fidel Castro había tenido anteriormente participación en la expedición de Cayo Confites de 1947, organizada con el propósito de combatir la dictadura dominicana. Posteriormente, el triunfo revolucionario cubano convirtió a Cuba en uno de los principales escenarios desde los cuales se articuló la oposición armada contra Trujillo.
La tensión aumentó vertiginosamente durante los primeros meses de 1959.
El 5 de junio de 1959, la Embajada de Cuba en Ciudad Trujillo fue objeto de un ataque armado. El episodio agravó considerablemente las relaciones entre ambos gobiernos.
Pocos días después llegarían los acontecimientos que marcarían para siempre la historia dominicana.
Entre el 14 y el 20 de junio de 1959, expedicionarios procedentes de Cuba desembarcaron en territorio dominicano por Constanza, Maimón y Estero Hondo, con el propósito de iniciar una lucha armada contra la dictadura de Trujillo.
La expedición fue derrotada militarmente.
Pero aunque las armas fracasaron, la sangre derramada por los expedicionarios sembró una semilla política que terminaría contribuyendo, dos años después, al derrumbe del régimen trujillista.
El episodio de 1959 constituye uno de los capítulos más dramáticos de la historia compartida entre Cuba y República Dominicana.
26 DE JUNIO DE 1959: LA RUPTURA
El 26 de junio de 1959, el Gobierno Revolucionario de Cuba declaró terminadas las relaciones diplomáticas con la República Dominicana.
No fue, por tanto, una ruptura provocada por un simple desacuerdo protocolar.
Era la consecuencia de una confrontación política que había alcanzado dimensiones internacionales y militares.
Las relaciones quedaron interrumpidas durante casi cuatro décadas. La República Dominicana y Cuba pasaron de ser dos países vecinos unidos por múltiples vínculos históricos a convertirse en adversarios dentro de la turbulenta geopolítica del Caribe de la Guerra Fría.
La historia registraba así una paradoja:
Los pueblos permanecían cerca mientras los gobiernos se alejaban.
Esa contradicción sería una constante durante buena parte del siglo XX.
CASI CUARENTA AÑOS DESPUÉS: EL REENCUENTRO
Tendrían que transcurrir casi cuatro décadas para que ambos países decidieran cerrar aquel capítulo.
El acercamiento comenzó progresivamente durante la década de 1990. En 1997 se produjo un importante entendimiento consular y migratorio que ayudó a crear las condiciones para la normalización de las relaciones.
Finalmente, el 16 de abril de 1998, República Dominicana y Cuba restablecieron formalmente sus relaciones diplomáticas. La propia Cancillería dominicana reconoce que ese restablecimiento abrió una nueva etapa de fortalecimiento bilateral.
Fue un acontecimiento de enorme significación histórica.
El pasado no había desaparecido, pero comenzaba a ser colocado en el lugar que corresponde a la historia: detrás de las nuevas necesidades de los pueblos.
Ese mismo año se produjo además un acontecimiento cargado de simbolismo.
Fidel Castro visitó la República Dominicana.
Aquel hombre que en 1947 había participado en la expedición de Cayo Confites contra Trujillo regresaba décadas después a territorio dominicano, esta vez no como expedicionario clandestino, sino como jefe de Estado y visitante oficial de una República Dominicana que ya había dejado atrás la dictadura trujillista.
El contraste histórico era extraordinario.
El joven Fidel que hubiera llegado a las costas dominicanas en 1947 con un fusil y una voluntad revolucionaria era ahora recibido en Santo Domingo por las autoridades de un país soberano con el cual Cuba acababa de restablecer relaciones diplomáticas.
La historia, a veces, posee una ironía que ningún novelista podría superar.
LA NUEVA CRISIS
El episodio de agosto de 2026 adquiere especial importancia precisamente porque se produce después de casi tres décadas de relaciones diplomáticas restablecidas.
El Gobierno dominicano sostiene que la medida se encuentra amparada por las facultades reconocidas al Estado receptor por el derecho internacional y por la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas.
El Gobierno cubano, en cambio, ha reaccionado con mucha dureza.
En el comunicado atribuido al Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, La Habana rechaza enérgicamente la expulsión y sostiene que sus funcionarios actuaron dentro de los límites establecidos por la Convención de Viena y respetaron las leyes dominicanas.
La parte más política del comunicado aparece cuando el Gobierno cubano atribuye la decisión dominicana a una supuesta presión del Gobierno de los Estados Unidos.
Esa afirmación debe ser presentada, histórica y periodísticamente, como la posición oficial del Gobierno cubano, no como un hecho demostrado. Además, insulta la libre determinación del gobierno y el pueblo dominicano.
La Habana sostiene que Santo Domingo se habría alineado con la política estadounidense destinada a aislar a Cuba y menciona como antecedentes la posición dominicana respecto de Cuba en escenarios hemisféricos e internacionales.
Se trata, evidentemente, de una acusación política de considerable gravedad. Que definitivamente va a afectar las relaciones de buena vecindad entre ambos Estados.
Pero una acusación diplomática no se convierte automáticamente en una verdad histórica.
La historia exige algo más difícil:
Documentos, pruebas, testimonios y tiempo.
LOS PUEBLOS NO SON SUS GOBIERNOS
Hay, sin embargo, una afirmación del comunicado cubano que merece una reflexión especial.
Cuba sostiene que la medida podrá afectar los vínculos entre ambos gobiernos, pero no podrá destruir los nexos históricos entre los pueblos cubano y dominicano.
En esto existe una realidad histórica difícil de negar.
Dominicanos y cubanos han compartido páginas extraordinarias de la historia caribeña.
Desde el Generalísimo Máximo Gómez, dominicano convertido en una de las máximas figuras militares de la independencia cubana, hasta la presencia de cubanos en diferentes episodios de la historia dominicana, ambos pueblos han estado unidos por una corriente humana que ninguna frontera diplomática ha podido contener.
Máximo Gómez no fue un visitante circunstancial de la historia cubana.
Fue el Comandante en Jefe del ejército liberador de Cuba
Fue uno de sus protagonistas fundamentales en darle a Cuba su libertad.
Y quizás por eso resulte tan difícil separar completamente a Cuba de la República Dominicana y a la República Dominicana de Cuba.
La música, la literatura, el béisbol, las migraciones, la educación, las relaciones familiares y las experiencias políticas han creado una comunidad histórica caribeña mucho más profunda que cualquier tratado internacional.
Los gobiernos pueden romper relaciones.
Los embajadores pueden ser retirados.
Los diplomáticos pueden recibir una nota de expulsión.
Pero la memoria de los pueblos no necesita visa.
ENTRE LA DIPLOMACIA Y LA HISTORIA
La expulsión de funcionarios diplomáticos constituye, por tanto, mucho más que una noticia pasajera.
Es un episodio que debe ser colocado dentro de una historia de larga duración.
En 1959, Cuba y la República Dominicana rompieron relaciones en medio de una confrontación revolucionaria y dictatorial.
En 1998, casi cuarenta años después, decidieron reencontrarse.
En 2026, una nueva controversia vuelve a poner a prueba la capacidad de ambos Estados para manejar sus diferencias sin convertirlas necesariamente en una ruptura mayor.
La diplomacia existe precisamente para evitar que los desacuerdos políticos terminen transformándose en conflictos irreversibles.
Por eso, sería lamentable que un episodio de esta naturaleza terminara convirtiéndose en el comienzo de una nueva etapa de hostilidad.
República Dominicana y Cuba han tenido suficientes desencuentros a lo largo de su historia.
No necesitan agregar otro capítulo de confrontación a una relación que, pese a sus diferencias ideológicas y políticas, posee una profundidad humana que trasciende a los gobiernos de turno.
EPÍLOGO: LA HISTORIA NO EXPULSA A NADIE
Hay una última ironía en todo esto.
Los diplomáticos pueden ser declarados personae non gratae.
Los gobiernos pueden intercambiar comunicados severos.
Las cancillerías pueden endurecer el lenguaje.
Los embajadores pueden recibir instrucciones para regresar a sus países.
Pero la historia no tiene frontera.
No puede expulsarse a Máximo Gómez de la historia de Cuba.
No puede expulsarse a los cubanos de la historia dominicana.
No puede borrarse Cayo Confites.
No pueden borrarse Constanza, Maimón y Estero Hondo.
No puede borrarse la sangre derramada en 1959.
Y tampoco puede borrarse aquel momento de 1998 cuando, después de casi cuarenta años de desencuentros, Cuba y República Dominicana decidieron volver a sentarse en la misma mesa diplomática.
La política es, por naturaleza, pasajera.
La historia es mucho más terca.
Los gobiernos cambian.
Los presidentes pasan.
Los cancilleres son sustituidos.
Los embajadores regresan a sus capitales.
Pero los pueblos permanecen.
Y en el Caribe, donde el mar separa las costas pero también las comunica, Cuba y República Dominicana continuarán siendo dos pueblos demasiado próximos para convertirse definitivamente en extraños.
Quizá esa sea la lección que convenga recordar en este 13 de agosto de 2026:
Las relaciones diplomáticas pueden romperse en un día; los vínculos históricos de dos pueblos necesitan mucho más que una nota diplomática para desaparecer.
NOTA DEL AUTOR
Este texto ha sido elaborado a partir de la información suministrada sobre la decisión anunciada el 13 de agosto de 2026 y de fuentes históricas y oficiales disponibles para contextualizar las relaciones dominicano-cubanas. Al momento de su elaboración no se ha localizado una comunicación oficial dominicana que detalle públicamente las razones específicas de la expulsión ni que resuelva la discrepancia entre las cifras de nueve y diez funcionarios. Por ello, esas circunstancias se presentan con la debida cautela y deberán actualizarse cuando las cancillerías publiquen información adicional.
La propia documentación oficial dominicana confirma que ambos países mantienen representación diplomática: la República Dominicana cuenta con una Embajada en La Habana y Cuba mantiene su Embajada en Santo Domingo.
Bibliografía y fuentes para ampliar
- Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Dominicana. Historia de las relaciones diplomáticas entre República Dominicana y Cuba. Embajada de la República Dominicana en Cuba.
- Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Dominicana. Memorándum de Entendimiento entre el Gobierno de la República Dominicana y el Gobierno de la República de Cuba.
- Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Dominicana. Memorando Migratorio entre el Gobierno de la República Dominicana y el Gobierno de la República de Cuba.
- Prensa Latina. “Dominicana celebra aniversario de relaciones diplomáticas con Cuba”, 16 de abril de 2022.
- Biblioteca del Congreso Nacional de la República Dominicana. La Política Exterior Dominicana.
- Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, Viena, 18 de abril de 1961, especialmente el artículo 9, relativo a la declaración de persona non grata.
- Fuentes documentales y bibliográficas sobre la Expedición de Cayo Confites (1947), las expediciones de Constanza, Maimón y Estero Hondo (1959) y la evolución de las relaciones cubano-dominicanas durante la Guerra Fría.
- Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba.


