La presión de la deuda y las necesidades sociales estrechan las cuentas públicas, mientras el Banco Central mantiene su tasa en 5.50 % ante la incertidumbre internacional.
Por Luis Rodríguez Salcedo /TeclaLibre
El presupuesto dominicano de 2027 empieza a parecerse al sueldo de una familia que, antes de cobrar, ya tiene varias cuentas esperando en la puerta. La advertencia viene desde la propia administración: Rafael Jovine, director de Estudios Económicos y Seguimiento Financiero de la Dirección General de Presupuesto, expuso que tres partidas equivaldrían al 84.3 % de las recaudaciones previstas de la DGII.
Según lo explicado durante el Seminario Vivienda y Hábitat, celebrado el 30 de octubre, por cada RD$100 proyectados por esa entidad, RD$31.50 corresponderían a intereses de la deuda, RD$35 a educación y RD$17.80 a salud. Una suma que retrata la estrechez fiscal, aunque exige conservar su denominador: la DGII es una fuente de ingresos del Estado; existen otras, incluidas las recaudaciones aduaneras.
Tampoco conviene colocar todos esos compromisos en el mismo saco. Educación y salud financian servicios esenciales. Los intereses pagan el costo del dinero prestado: no amortizan por sí mismos el capital adeudado. El problema aparece cuando esa factura financiera compite cada vez más con las necesidades del presente.
El Gobierno presenta otra cara de las cuentas. El proyecto depositado ante el Congreso contempla un déficit del 3.4 % del producto interno bruto y un crecimiento económico del 4.75 % para 2027. Además, prevé aumentar el gasto de capital del Gobierno central un 19.7 % respecto al presupuesto inicial de 2026. Son proyecciones y propuestas todavía sujetas al trámite legislativo.
La apuesta es que la inversión impulse la economía. La pregunta es cuánto costará financiarla. Un análisis del CREES publicado en Diario Libre advierte que los riesgos internacionales y el costo del endeudamiento aconsejan reducir el déficit y moderar las necesidades de financiamiento. Es una valoración crítica que contrasta con el énfasis oficial en expandir la inversión.
Mientras Hacienda hace sus cuentas, el Banco Central mantiene la cautela. En octubre dejó la tasa de política monetaria en 5.50 %, los repos a un día en 6.00 % y los depósitos remunerados en 4.75 %. La incertidumbre bélica y el encarecimiento de materias primas figuran entre las razones comunicadas.
Aquí se encuentran ambas noticias: los subsidios a los combustibles ayudan a contener el traslado del petróleo caro a los precios locales, pero requieren recursos públicos. El alivio en la estación de gasolina también tiene una factura presupuestaria. El propio Banco Central reconoce el papel de esos subsidios en moderar la inflación.
Para hogares y negocios, mantener la tasa tampoco garantiza préstamos más baratos: las condiciones bancarias dependen de otros factores. La lectura conjunta es una economía que necesita crecer, con restricciones para gastar y cautela para abaratar el dinero.
El debate debería concentrarse en cuánto rinde cada peso, qué gastos pueden corregirse y cómo evitar que los intereses sigan desplazando soluciones. Porque el presupuesto puede llegar cargado de promesas; el contribuyente necesita saber cuánto queda para cumplirlas.
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