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El mercado inmobiliario y los precios exorbitantes de las viviendas

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Por Carlos Márquez Cabrera /

El mercado inmobiliario dominicano se ha convertido en uno de los espacios donde se manifiestan con mayor claridad las contradicciones del crecimiento económico.

Mientras la construcción representa una fuente importante de inversión, empleo y actividad productiva, el precio de las viviendas continúa alejándose de la capacidad adquisitiva de una parte considerable de la población.

El Registro de Oferta de Edificaciones de la Oficina Nacional de Estadística permite observar profundas diferencias territoriales.

En el cierre de 2025, Piantini registraba un precio promedio de RD$172,377 por metro cuadrado, mientras Los Alcarrizos se situaba alrededor de RD$31,738. La ubicación, por tanto, constituye uno de los principales determinantes del valor inmobiliario.

Esta diferencia responde a factores como la disponibilidad de terrenos, infraestructura, acceso a servicios, conectividad, seguridad y concentración de actividades comerciales.

Sin embargo, también refleja procesos de valorización urbana que pueden convertir determinados sectores en espacios inaccesibles para las familias de ingresos medios y bajos.

El suelo adquiere una dimensión económica particular. Cuando una zona recibe inversiones públicas en carreteras, transporte, iluminación, saneamiento y servicios, sus terrenos aumentan de valor. Esa valorización beneficia a los propietarios, pero también puede trasladarse al precio de los inmuebles y al costo de los alquileres.

A ello se suman los materiales de construcción, la mano de obra, los permisos, el financiamiento bancario y los márgenes empresariales.

La Oficina Nacional de Estadística informó que el Índice de Costos Directos de la Construcción de Viviendas aumentó aproximadamente 3.7% durante 2025. Aunque la presión sobre los costos se moderó respecto de años anteriores, esa reducción en el ritmo de crecimiento no implica automáticamente que los precios de venta disminuyan. (ONE)

El mercado inmobiliario dominicano también presenta una marcada orientación hacia determinados segmentos de compradores.

Los proyectos de apartamentos de lujo, las residencias turísticas y las propiedades destinadas a inversión pueden generar atractivos rendimientos, pero no necesariamente responden a las necesidades de los trabajadores, profesionales jóvenes y familias que buscan su primera vivienda.

La consecuencia económica es una segmentación del mercado. Por un lado, se desarrollan inmuebles concebidos como activos de inversión; por otro, existe una demanda habitacional que necesita soluciones compatibles con ingresos modestos.

El desafío consiste en establecer políticas que favorezcan una mayor producción de viviendas accesibles sin destruir la inversión privada ni paralizar la actividad constructora.

República Dominicana necesita un mercado inmobiliario dinámico, pero también equilibrado.

La valorización de los terrenos y las propiedades puede generar riqueza; sin embargo, cuando se convierte en una barrera permanente para el acceso a la vivienda, termina profundizando la desigualdad.

El desarrollo urbano debe producir oportunidades para los propietarios, inversionistas y constructores, pero también garantizar que el crecimiento de nuestras ciudades no expulse económicamente a quienes las mantienen funcionando.

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