Por: Lic. Inés M. Tejada
En el umbral del 182.º aniversario de la proclamación de la independencia de la República Dominicana, recordamos la noche del 27 de febrero de 1844; un logro épico que requirió una valentía gloriosa por parte de los dominicanos, hombres y mujeres, bajo el inspirador liderazgo de nuestro padre fundador, Juan Pablo Duarte-Diez, y otros.
Quiero destacar brevemente el papel que jugaron las artes para nuestro Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte-Diez, quien entre 1836 y 1844, se valió del teatro y la poesía para forjar los ideales de una República Dominicana independiente, en la tierra donde nació el 26 de enero de 1813 en Santo Domingo de Guzmán.
Este sueño suyo era decididamente utópico por su improbabilidad, especialmente para un pueblo que, hasta entonces, solo había conocido la subyugación durante su existencia colectiva: primero mediante la colonización durante trescientos años por la Corona española, de 1492 a 1822, y luego como súbditos haitianos, mediante la ocupación militar a partir de 1822 por sus vecinos del oeste en la isla La Española, la recién creada República de Haití (2 de enero de 1801).
Duarte y el uso de las artes como medio para la independencia
Además de ser filósofo, diseñador de nacionalidad dominicana, políglota, estratega militar, activista y educador, Duarte fue un destacado artista; poeta de gran sensibilidad, músico de instrumentos clásicos, dramaturgo y compositor. Estos talentos los perfeccionó en Europa y posteriormente los utilizó en su lucha por la libertad.
Este hombre del Renacimiento concibió la idea de emplear sus habilidades artísticas para difundir el mensaje de una República Dominicana independiente. A través de poemas, canciones y obras de teatro, Duarte logró movilizar a la sociedad dominicana, incluso ante la presencia de las fuerzas de ocupación haitianas. Aprovechó que los dominicanos no se mezclaban con sus captores para transmitir su mensaje de manera sutil y efectiva.
Para fortalecer la causa, Duarte fundó varias organizaciones además de “La Trinitaria”, el brazo político del movimiento. Una de ellas fue la “Sociedad Cultural La Filantrópica”, que permitió reunir a jóvenes sin levantar sospechas, mediante encuentros los fines de semana en los que se leían poesías, se realizaban conciertos y bailes. Estos encuentros fortalecían las redes sociales y facilitaban el intercambio de información confidencial sobre los procesos del movimiento independentista.
Duarte también creó un tercer vehículo de propaganda: una compañía de teatro en la que los jóvenes miembros de “La Trinitaria” actuaban, mientras él se desempeñaba como dramaturgo, director y productor. Mariano Lebrón Saviñón, en su libro Duarte Libertador, Romántico y Poeta, describe varias obras y comedias que Duarte llevó a escena, muchas con contenido subversivo, escritas por rebeldes españoles o revolucionarios latinoamericanos.
Este extraordinario patriota, que sacrificó todo por la causa de una República Dominicana libre e independiente, comprendió el poder de la literatura y el teatro como herramientas fundamentales para transmitir su mensaje. La teoría de la estética sostiene que las artes son vehículos para expresar valores culturales, que pueden ser asimilados e interiorizados a nivel individual y colectivo. En mi opinión, la actividad artística también ayuda a disminuir las emociones negativas, frenando conductas violentas.
Gracias a sus enseñanzas en Europa, Duarte sabía que podía usar el teatro, la poesía y la música para que los dominicanos se apropiaran de sus ideales de nación independiente y continuaran luchando por su proyecto de vida. A pesar de los peligros y riesgos, estos recursos artísticos sirvieron para fortalecer la identidad y el espíritu de un pueblo que, tras enormes sacrificios, hoy es una nación democrática, libre y soberana, tal como lo soñó Juan Pablo Duarte-Diez.
¡VIVA DUARTE!
¡VIVA LA REPÚBLICA DOMINICANA!
Lic. Inés Tejada, RN, MSN, MA, Med
NY, 12 de febrero de 2026
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