22 muertos, billetes esparcidos y una investigación que podría tardar más de un año
Redacción TeclaLibre
Un avión militar cargado con toneladas de billetes nuevos del Banco Central terminó convertido en chatarra humeante en las inmediaciones del Aeropuerto Internacional de El Alto. El saldo provisional: al menos 22 muertos, decenas de heridos y una escena surrealista de dinero esparcido sobre el asfalto mientras familiares lloraban y autoridades intentaban controlar el caos. La tragedia aérea que Bolivia no esperaba ahora abre preguntas incómodas sobre seguridad, protocolos y transparencia.
El siniestro ocurrió la tarde del viernes 27 de febrero de 2026, cuando un Lockheed C-130H Hércules de la Fuerza Aérea Boliviana se salió de la pista tras intentar aterrizar en el Aeropuerto Internacional de El Alto, ubicado a unos 4.000 metros sobre el nivel del mar, una de las terminales más desafiantes del continente por su altitud.
La aeronave, que había partido desde Santa Cruz de la Sierra, transportaba aproximadamente 18 toneladas de billetes recién impresos para el Banco Central de Bolivia. De los ocho tripulantes confirmados a bordo, al menos uno falleció. Sin embargo, la mayoría de las víctimas mortales se encontraba en tierra, cuando el avión impactó vehículos y estructuras cercanas tras perder el control.
En cuestión de minutos, la tragedia adquirió un componente casi cinematográfico: cajas abiertas, fajos de billetes esparcidos y curiosos acercándose al lugar del impacto.
Autoridades del Banco Central aclararon que el dinero aún no tenía valor legal porque no había entrado en circulación. Para evitar que fuera sustraído o comercializado ilegalmente, parte de los billetes fue incinerada bajo supervisión oficial, decisión que generó indignación entre algunos sectores ciudadanos en medio de un contexto económico complejo.
Más de 500 militares y un centenar de policías fueron desplegados para acordonar el área, dispersar multitudes y garantizar las labores de rescate. Hubo disturbios y arrestos.
Entre los fallecidos hay hombres, mujeres y varios menores de edad. Los hospitales de La Paz y El Alto recibieron a decenas de heridos, algunos en estado crítico. Las imágenes difundidas en redes sociales mostraron vehículos calcinados y escenas de dolor que estremecieron al país.
El gobierno declaró luto y prometió apoyo a las familias afectadas.
Las autoridades recuperaron la caja negra del C-130, pero el Ministerio de Defensa advirtió que el análisis técnico podría tardar semanas o incluso más de un año antes de arrojar conclusiones definitivas.
Mientras tanto, surgen interrogantes inevitables:
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¿Fallaron los sistemas del avión?
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¿Hubo error humano?
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¿Influyó la compleja altitud de El Alto?
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¿Se cumplieron todos los protocolos de seguridad para el transporte de valores?
La Dirección General de Aeronáutica Civil anunció auditorías y revisión de procedimientos operativos.
TeclaLibre analiza: cuando la tragedia desnuda al sistema
Este accidente no es solo una catástrofe aérea. Es también un espejo incómodo. La combinación de un avión militar, dinero público y víctimas civiles abre una conversación más amplia sobre gestión estatal, protocolos logísticos y cultura de seguridad.
La imagen de billetes volando sobre el asfalto mientras familias buscaban a sus seres queridos es una metáfora cruda: cuando falla el sistema, el costo siempre lo pagan los ciudadanos.
Bolivia espera respuestas. Y las respuestas, según el propio gobierno, podrían tardar más de un año. Demasiado tiempo para quienes ya perdieron todo.
–Luis Rodríguez Salcedo para TeclaLibre-
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