MENOS DINERO EN LAS CALLES:
La liquidez cae en República Dominicana y el ciudadano comienza a sentirlo sin necesidad de leer estadísticas
Hay algo que el pueblo percibe antes que los economistas: cuando el dinero deja de circular, las calles “se ponen lentas”. Los colmados venden menos fiado y menos al contado. El motoconchista hace más viajes, pero gana menos. El pequeño comerciante empieza a mirar la caja registradora con ansiedad. Y los bancos, curiosamente, se vuelven más prudentes mientras anuncian “estabilidad”.
Eso parece estar ocurriendo en República Dominicana durante el primer cuatrimestre de 2026.
Los datos monetarios revelan que la cantidad de dinero disponible en la economía —el llamado agregado monetario M1, que incluye efectivo y depósitos transferibles— cayó más de RD$44 mil millones entre diciembre de 2025 y abril de 2026. La reducción fue de un 4.6 %, mientras que el efectivo en manos del público se desplomó un 8.5 %. Traducido al lenguaje de la calle: hay menos dinero circulando “en la calle”.
Y cuando hay menos dinero moviéndose, la economía comienza a respirar más corto.
¿Qué significa realmente esta caída?
En teoría económica, una reducción del dinero circulante suele responder a una estrategia de política monetaria para contener inflación, estabilizar el tipo de cambio o evitar un sobrecalentamiento económico.
En términos simples: el Banco Central “aprieta” un poco el flujo de dinero para evitar que los precios se disparen o que el dólar se descontrole.
Pero en República Dominicana el asunto tiene matices interesantes.
Mientras el gobierno y el Banco Central hablan de crecimiento económico estable y resiliencia financiera, también admiten que han tenido que tomar medidas preventivas para garantizar liquidez y evitar tensiones en el sistema financiero. El propio gobernador Héctor Valdez Albizu anunció recientemente aplazamientos en el retiro de facilidades de liquidez por decenas de miles de millones de pesos para impedir presiones sobre el crédito y las tasas de interés.
En otras palabras: oficialmente la economía está “bien”, pero el sistema necesita oxígeno adicional para no endurecerse demasiado.
Ahí aparece la contradicción.
¿A quién beneficia que haya menos dinero circulando?
1. Beneficia al Banco Central y a la estabilidad cambiaria
Menos pesos en circulación reduce presión sobre el dólar. Si la gente tiene menos liquidez, consume menos importaciones, compra menos divisas y disminuye la presión cambiaria.
Eso ayuda a sostener una imagen de estabilidad macroeconómica muy valiosa para:
- inversionistas extranjeros,
- organismos internacionales,
- calificadoras de riesgo,
- y grandes actores financieros.
No es casualidad que simultáneamente el gobierno destaque la fortaleza del peso dominicano, las reservas internacionales y la estabilidad bancaria.
2. Beneficia a los bancos grandes
Cuando el dinero escasea, el crédito se vuelve más selectivo. Los grandes bancos suelen sobrevivir mejor porque controlan liquidez y concentran depósitos.
Además, tasas relativamente altas significan mayores márgenes financieros.
Mientras el pequeño comerciante pelea por financiamiento, el sistema bancario mantiene rentabilidad robusta y baja morosidad, según los informes oficiales.
3. Beneficia al gobierno… políticamente
Mantener estabilidad monetaria ayuda a sostener el discurso de “economía fuerte”, especialmente en momentos internacionales complejos marcados por tensiones geopolíticas, petróleo caro y desaceleración global.
Porque en política económica moderna, muchas veces la percepción internacional pesa más que la sensación cotidiana del ciudadano.
¿Y quién pierde?
Aquí es donde la calle comienza a hablar.
1. Pierde el pequeño comercio
El colmado, la peluquería, el vendedor informal, el motoconchista y el pequeño emprendedor dependen del flujo diario de efectivo.
Cuando cae la liquidez:
- se reduce el consumo,
- aumenta el crédito informal,
- crece el fiado,
- y disminuye la velocidad del dinero.
El comerciante puede seguir “vendiendo”, pero tarda más en cobrar.
Y en economía popular, el tiempo también quiebra negocios.
2. Pierde la clase media endeudada
Si hay menos liquidez y tasas altas:
- los préstamos cuestan más,
- las tarjetas aprietan,
- refinanciar se vuelve difícil,
- y el consumo se enfría.
La sensación de “el dinero no rinde” se intensifica, aunque la inflación oficial permanezca relativamente controlada.
3. Pierde la economía informal
La economía dominicana vive parcialmente sostenida por el efectivo:
- mercados,
- motoconchos,
- pequeños talleres,
- ventas ambulantes,
- actividades sin bancarización.
Cuando el efectivo cae casi RD$25 mil millones, ese golpe se siente directamente en la economía popular.
No en Wall Street.
En Villa Juana.
En Los Mina.
En Santiago.
En los barrios.
¿Hay señales de desaceleración escondidas detrás del discurso optimista?
Posiblemente sí.
Aunque organismos como el FMI proyectan crecimiento para República Dominicana, también advierten sobre:
- riesgos globales,
- presión petrolera,
- menor margen fiscal,
- y vulnerabilidad de economías importadoras de energía como la dominicana.
El problema es que muchas veces el crecimiento macroeconómico no baja de inmediato al bolsillo ciudadano.
Puede crecer el PIB mientras cae el consumo real.
Puede aumentar la inversión extranjera mientras disminuye el efectivo en la calle.
Puede fortalecerse el peso mientras el colmadero vende menos arroz y menos cerveza.
Ahí vive la gran paradoja dominicana.
El detalle más sospechoso: la economía crece… pero el dinero desaparece de las manos
Y aquí entra la picardía inevitable de TeclaLibre.
Porque si la economía está creciendo, el turismo fuerte, las remesas altas y la inversión extranjera entrando… ¿por qué el efectivo en manos del público cae tan abruptamente?
¿Está el dinero concentrándose arriba?
¿Está migrando hacia instrumentos financieros?
¿O simplemente el ciudadano está gastando más rápido de lo que gana?
Tal vez las tres cosas al mismo tiempo.
Lo cierto es que el dominicano común no analiza M1 ni agregados monetarios. Analiza otra cosa:
- si el colmado está flojo,
- si el cliente desapareció,
- si el efectivo no aparece,
- y si el bolsillo llegó vacío antes de fin de mes.
Y cuando eso ocurre, la macroeconomía puede lucir elegante en los informes… pero la calle comienza a emitir su propio boletín financiero.
Uno mucho más cruel.
Clave TeclaLIbre
La reducción de dinero circulante puede ser una medicina económica necesaria. El problema aparece cuando la dosis comienza a sentirse más en los barrios que en las élites financieras.
Porque mientras los grandes números hablan de estabilidad, la economía emocional del ciudadano comienza a decir otra cosa:
“el dinero ya no camina igual”.
Y cuando el dinero deja de caminar…
la política empieza a correr.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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