La recepción del 4 de Julio deja un sabor a línea dura en los mentideros locales; la nueva embajadora marca la cancha frente al oficialismo y la oposición.
Si hay un termómetro exacto para medir las corrientes de la sociedad y los pasillos del poder dominicano, es la tradicional recepción del 4 de Julio en la residencia de la misión estadounidense. Este año no fue una fiesta cualquiera; se vistió con las galas del «Freedom 250», celebrando los dos siglos y medio de la independencia del coloso del norte.
Y como era de esperarse, los «mentideros» políticos de Santo Domingo andan que echan humo. Entre copas, canapés y el implacable calor caribeño mitigado por la brisa de Arroyo Hondo, se dieron cita cerca de 1,000 invitados. Allí estuvo el presidente Luis Abinader, ministros, la plana mayor del empresariado, purpurados y los sospechosos habituales de la fauna política nacional.
Pero detrás de las sonrisas protocolares y los brindis, el ambiente dejó tela de donde cortar para el ojo suspicaz. Aquí desmenuzamos los pormenores con el sello de la casa:
- El gran imán de las miradas fue la nueva embajadora, Leah Francis Campos. Tras un largo período en que la embajada se manejó con Encargados de Negocios, tener una jefa de misión titular cambia la dinámica del tablero político.
El runrún en las mesas no se hizo esperar tras su discurso. Campos no se anduvo con tibiezas diplomáticas y lanzó dardos directos: definió la libertad de expresión como «el oxígeno de la democracia». Pero lo que verdaderamente hizo que más de un político local detuviera el tenedor a mitad de camino fue cuando citó explícitamente a Donald Trump como un ejemplo de «resistencia frente a los intentos de silenciarlo».
En los corrillos se comentaba a media voz, cómo la diplomacia estadounidense en el país se alinea de manera clarísima con la narrativa de Washington. Para los estrategas criollos, el mensaje fue nítido: la línea dura y sin complejos está de vuelta en la avenida República de Colombia.
- Otro detalle que encendió las tertulias de los analistas «geopolíticos» del patio fue la insistencia de la embajadora en señalar que la relación bilateral se fundamenta en valores compartidos, mencionando explícitamente la «fe cristiana» y la patria.
En una República Dominicana donde los debates sobre las tres causales, la agenda de género y las presiones internacionales siempre están a flor de piel, ver a la representante de Washington abrazar la retórica de los valores tradicionales fue música para los oídos de un amplio sector conservador del gobierno y de la oposición.
Históricamente, ciertos sectores locales acusaban a la embajada de presionar por agendas liberales; hoy, el discurso parece haber dado un giro de 180 grados, acomodándose perfectamente al discurso mayoritario de la sociedad dominicana.
- En estos eventos, lo que no se dice en el podio se lee en la distribución del espacio. La presencia del presidente Abinader reafirma el alineamiento casi automático y pragmático de su gestión con los intereses de Washington. Sin embargo, las esquinas de la recepción sirvieron para que opositores y oficialistas midieran fuerzas con la mirada.
Los «mentideros» reportan que los corrillos empresariales estaban particularmente activos. Empresas con un siglo de idilio con marcas norteamericanas —como Santo Domingo Motors y sus activaciones con Chevrolet en el marco del evento— recordaban a los presentes que, sin importar quién gobierne en la Casa Real o en el Palacio Nacional, los negocios de la gran carpa siguen blindados.
La recepción del «Freedom 250» no dejó espacio para la neutralidad. Dejó claro que la política exterior estadounidense para la región viene con un empaque ideológico muy definido: defensa de la libertad de expresión (a su conveniencia), apelación a las raíces cristianas y una advertencia implícita contra los discursos que intenten salirse del guion democrático occidental.
Para el patio, la lección es obvia: con embajadora titular a bordo, las directrices no llegarán por memorándum discreto, sino con la frontalidad de quien sabe que, en este lado del Caribe, la brújula sigue apuntando hacia el norte.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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