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CUANDO LA ESTUPIDEZ SE VUELVE TENDENCIA -La advertencia de Saramago que hoy incomoda más que nunca-

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La frase atribuida a José Saramago resuena con fuerza en la era digital: ¿estamos viviendo el tiempo en que pensar dejó de ser virtud y opinar sin saber se convirtió en espectáculo?

“Llegará el día en que la inteligencia será despreciada y la estupidez será adorada”.

No es una simple provocación literaria. Es una radiografía incómoda del presente. Y lo más inquietante no es que esa frase circule… sino que cada vez parece menos exagerada.

La advertencia de Saramago no plantea la desaparición de la inteligencia, sino su pérdida de prestigio.
Hoy, pensar con profundidad exige tiempo, duda y matices. Y esos tres elementos compiten en desventaja frente a la velocidad, la emoción y la simplificación.

En un ecosistema dominado por lo inmediato, la reflexión llega tarde.
Y lo que llega tarde… pierde.

Las redes sociales democratizaron la palabra, pero también diluyeron la autoridad del conocimiento.
Ahora, la opinión pesa tanto —o más— que el saber.

Se premia: lo breve sobre lo complejo, lo viral sobre lo verdadero, lo emocional sobre lo razonado.

En ese terreno, la estupidez no necesita imponerse: simplemente fluye mejor.

El filósofo José Antonio Marina aporta una clave esencial: la estupidez no es falta de inteligencia, sino su mal uso.

En su obra La inteligencia fracasada. Teoría y práctica de la estupidez, sostiene que individuos inteligentes pueden actuar de forma irracional cuando: se dejan arrastrar por prejuicios, priorizan emociones sobre hechos, o buscan respuestas fáciles a problemas complejos.

La estupidez, entonces, no es un déficit… es una elección repetida.

Algo ha cambiado en el orden simbólico:

Antes, el conocimiento otorgaba autoridad.
Hoy, la visibilidad otorga credibilidad.

El experto es cuestionado.
El improvisado es celebrado.
El que duda es débil.
El que grita, lidera.

Y en ese escenario, la inteligencia no desaparece… pero estorba.

Aquí la frase de Saramago adquiere un filo más peligroso.

Una sociedad que desprecia la inteligencia es más fácil de dirigir.
La complejidad se vuelve enemiga del poder.
La simplificación extrema, en cambio, se convierte en herramienta.

No se trata solo de un problema cultural.
Es un problema de poder.

La advertencia de Saramago no describe un futuro lejano, sino un proceso en marcha: la sustitución del pensamiento por el ruido, del análisis por la reacción y del conocimiento por la apariencia.

Tal vez el día que temía Saramago no está por llegar.
Tal vez ya llegó… y ni siquiera nos dimos cuenta.

Porque la estupidez no se impuso por la fuerza.
Se volvió cómoda.

Y la inteligencia —esa que cuestiona, incomoda y obliga a pensar— terminó siendo desplazada… no por inútil, sino por incómoda.

En estos tiempos, pensar no es una virtud.
Es casi un acto de rebeldía.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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