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Mientras los titulares son acaparados por el despliegue de Estados Unidos en el Caribe, hay una amenaza silenciosa a la que los pacientes renales se enfrentan a diario: la posibilidad de fallecer a la espera de un trasplante de riñón. La imposibilidad de optar por un trasplante de órgano a partir de un donante fallecido en Venezuela ha obligado a pacientes renales a tener que emigrar para conseguirlo.
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