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¿EN QUÉ MOMENTO NORMALIZAMOS LA BARBARIE?

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“Me quieren matar…”: la última huida de Deivy Abreu y la noche en que Santiago se quedó sin frenos-

Un chofer de basura corrió por su vida durante más de tres kilómetros. Buscó refugio en el Palacio de Justicia. No lo encontró. Esta es la crónica de una persecución que empezó como roce vial y terminó como cacería humana.

🟨 El grito que nadie detuvo
“Me quieren matar… Policía, me quieren matar…”

No era una metáfora.
No era una exageración.

Era un hombre que ya sabía cómo iba a terminar aquello.

Deivy Carlos Abreu Quezada conducía su camión recolector de basura, haciendo lo que hacía todos los días: recoger lo que otros dejan atrás. Su jornada era rutinaria, casi invisible, como la de tantos.

Hasta que algo pasó.

Un roce.
Un malentendido.
Un instante mínimo… de esos que antes se resolvían con una discusión y seguían su camino.

Pero esta vez no.

🟨 Tres kilómetros de miedo
Siete motoristas —dicen las autoridades— comenzaron a seguirlo.

No para reclamar.
No para dialogar.

Para alcanzarlo.

La ciudad, que siempre está llena de testigos, fue también cómplice silenciosa. El camión avanzaba. Los motores detrás. La persecución se alargaba.

Tres kilómetros no son poca cosa cuando alguien te quiere hacer daño.
Tres kilómetros son una eternidad cuando sabes que no hay salida.

Deivy no iba huyendo de la ley.
Iba huyendo de la ira.

🟨 El refugio que no protegió
En algún momento, tomó una decisión desesperada:
ir al Palacio de Justicia de Santiago.

Un gesto lógico. Instintivo.

👉 Si hay un lugar donde la violencia debe detenerse, es ahí.
👉 Si hay un espacio donde alguien debería protegerte, es ese.

Pero no.

El lugar donde debía comenzar la justicia…
se convirtió en el escenario final.

Lo alcanzaron.

Y lo atacaron.

🟨 El cuerpo en el suelo, la ciudad mirando
Luego vino el silencio incómodo.
El cuerpo herido.
La sangre.

Y la frase que ahora pesa más que cualquier expediente:

👉 “Estoy apuñalado… no me deje desangrar…”

Ahí ya no había persecución.
No había discusión.

Solo un hombre muriendo… y una sociedad que llegó tarde.

🟨 Después: los titulares, los arrestos… y la rutina
Siete detenidos.
Solicitud de prisión preventiva.
Audiencia de coerción.

El lenguaje frío de la justicia intenta ordenar lo que la violencia desordenó.

Pero los papeles no cuentan lo que ocurrió realmente:

El miedo en la voz

La desesperación en la huida

La certeza de que nadie iba a detener aquello

🟨 Las redes: entre rabia y costumbre
La noticia corrió rápido.
Más rápido que el camión.
Más rápido que los motores.

En redes sociales, el país reaccionó:

🗣 “Eso fue un linchamiento.”
🗣 “Ya nadie respeta la vida.”
🗣 “Aquí cualquier problema termina en muerte.”

Pero entre los comentarios hay algo más peligroso que la rabia:

👉 La normalización.

Cuando la violencia deja de sorprender…
ya ganó.

🟨 Un trabajador, cinco hijos… y un vacío
Deivy no deja solo un expediente judicial.

Deja cinco hijos.
Tres de ellos menores.

Deja una silla vacía en su casa.
Un ingreso que no volverá.
Una historia que se interrumpió sin aviso.

Y deja también una pregunta que nadie quiere responder:

👉 ¿Cuánto vale la vida de un trabajador común en este país?

🟨 La ciudad que acelera… y no sabe frenar
Santiago no es ajena a los conflictos viales.
Tampoco lo es el país.

Pero algo cambió.

Antes, el tránsito era caos.
Ahora es tensión.

Antes había discusiones.
Ahora hay persecuciones.

Antes había golpes.
Ahora hay muertes.

La calle se convirtió en un espacio emocional donde todo se resuelve con exceso.

Y cuando el exceso se vuelve norma, cualquier chispa enciende el incendio.

🟥 Cierre TeclaLibre (crónica con filo)
Dicen que todo empezó con un roce.

Pero no.

Esto empezó mucho antes.

Empezó cuando dejamos que la violencia cotidiana creciera sin consecuencias.
Cuando la ira sustituyó al diálogo.
Cuando la calle se convirtió en territorio sin reglas.

Deivy Abreu corrió tres kilómetros buscando salvarse.
Corrió hacia la justicia.

Y aun así no le alcanzó.

Porque en un país donde la furia corre más rápido que la ley,
no hay refugio suficiente.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

 

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