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EL ULTIMO DISPARO FOTOGRÁFICO DE UN CRONISTA

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-El último disparo de un cronista: Adiós a Franklin Guerrero-

La madrugada de este sábado 6 de junio de 2026, el lente que durante décadas se encargó de diseccionar la realidad dominicana se cerró definitivamente. Franklin Guerrero, el fotoperiodista que convirtió el visor de su cámara en un bisturí de la verdad, falleció a los 71 años en el Centro de Diagnóstico y Medicina Avanzada y de Conferencias Médicas y Telemedicina (CEDIMAT), tras una valiente batalla contra el cáncer.

Una vocación que trascendió la medicina

Resulta curioso —y profundamente humano— descubrir que la trayectoria de Guerrero no comenzó en los laboratorios fotográficos, sino en los consultorios. Formado como odontólogo, Guerrero ejerció su primera profesión con excelencia, pero el destino tenía otros planes: su verdadera vocación residía en la luz, la composición y el instante decisivo.

Abandonó el consultorio para entrar, de lleno, en la calle. Y la calle, con sus luces y sus sombras, se convirtió en su escenario. No era simplemente un fotógrafo; era un narrador visual que entendía que una imagen no es solo un registro, sino un testimonio histórico.

La «Foto-Crónica»: Su huella imborrable

Para muchos dominicanos, el nombre de Franklin Guerrero es inseparable de su trabajo junto a la periodista Nuria Piera en el programa N Investiga. Su segmento, «Foto-Crónica de la Semana», se convirtió en una pieza fundamental del periodismo de investigación en el país.

En ese espacio, Guerrero no se limitaba a ilustrar la noticia. Sus fotografías ofrecían una lectura reflexiva, crítica y, a menudo, cruda de los acontecimientos sociales y políticos. Tenía el don de encontrar en el caos de un evento público aquel detalle que revelaba más que mil palabras: la expresión de un político, el gesto de un ciudadano olvidado o la ironía de un instante cotidiano.

El legado de un «guerrero»

Sus colegas lo recuerdan hoy no solo por su ojo clínico y su impecable sentido de la oportunidad, sino por su calidad humana y su disposición para mentorar a las nuevas generaciones de reporteros gráficos. Juan Manuel Méndez, director del Centro de Operaciones de Emergencias (COE), sintetizó el sentir de muchos al llamarle, con justicia, un «verdadero guerrero».

Franklin Guerrero deja tras de sí una familia —su esposa, doña María, y su hija, María Teresa— y un archivo visual que es, en esencia, parte de la memoria colectiva de la República Dominicana. A través de su lente, el país se vio a sí mismo en sus momentos más cumbres y en sus crisis más profundas.

Hoy, el periodismo dominicano baja la guardia, pero las imágenes capturadas por Franklin permanecen como un testimonio perenne. La cámara ha dejado de disparar, pero su crónica, esa que él mismo se encargó de escribir con luz y sombras, ya forma parte de la historia.

Descansa en paz, Franklin. Gracias por habernos enseñado a mirar más allá de lo evidente.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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