POR EL TRILLO DE LA INTRAHISTORIA
RAMFIS: EL LOCO HIJO DE TRUJILLO
Por Ramon Emilio Espinola

Introducción
Las dictaduras tienen una curiosa habilidad para fabricar mitos. Sus propagandistas se empeñan en presentar a los hijos de los dictadores como príncipes predestinados, herederos de una supuesta grandeza nacional y continuadores de una obra providencial. Sin embargo, la historia, que suele ser menos complaciente que los aduladores, termina revelando una realidad muy distinta.
En el caso dominicano, el primogénito del dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina fue presentado durante años como el brillante y valeroso sucesor del régimen. La propaganda oficial lo vistió de general cuando apenas había conocido los rigores de la adolescencia; le colgó medallas que jamás ganó en un campo de batalla y le construyó una leyenda de hombre fuerte, decidido y temible. Todo era falso. Solo adulonería falsa y barata de un megalómano que tiranizaba un pueblo.
Pero detrás del uniforme impecablemente planchado y de las fotografías oficiales se escondía un ser atormentado, emocionalmente inestable y profundamente marcado por sus propios demonios. El supuesto príncipe del régimen vivía entre tratamientos médicos, crisis emocionales, pesadillas y episodios que sus allegados describieron como perturbadores.
Y como suele suceder en las dictaduras, la tragedia privada terminó mezclándose con la tragedia nacional.
El heredero de un reino de miedo
Ramfis Trujillo padeció durante gran parte de su vida trastornos emocionales y psiquiátricos.
Fue sometido a tratamientos médicos en la República Dominicana y, principalmente, en Nueva York desde la edad de nueve años. También recibió atención especializada en Suiza, Bélgica y España.
En julio de 1960 había dejado de asistir regularmente a la Jefatura de la Aviación. Su estado preocupaba incluso a los colaboradores más cercanos del régimen.
César Saillant, su secretario particular, relató años después:
«Teníamos que ir diariamente a su casa de Boca Chica». Hacía preguntas infantiles y daba órdenes absurdas, hasta que apareció el notable psiquiatra norteamericano doctor Anderson, el cuarto o quinto especialista que había desfilado por allí, y quien logró poner en perfecto orden su cabeza».
La expresión «poner en orden su cabeza» resulta particularmente reveladora. Evidentemente, sí era necesario ponerla en orden, porque el desorden ya se había convertido en una condición permanente.
Según el propio Saillant, las sangrientas torturas y ejecuciones de los expedicionarios de junio de 1959 terminaron agravando sus padecimientos mentales preexistentes. Por las noches sufría pesadillas horribles; gritaba, decía ver fantasmas y apenas podía dormir.
Y es que los muertos suelen regresar. A veces no vuelven en forma de espectros, sino en forma de remordimientos.
La pedagogía del terror
Las declaraciones atribuidas a Ramfis revelan la naturaleza del régimen:
«Los fusilo para dar un ejemplo a las Fuerzas Armadas; pero primero los hago torturar para dar un ejemplo a mis amigos de lo que les espera si algún día me traicionan».
He ahí una extraordinaria lección de la lógica dictatorial.
No se tortura para obtener información.
No se asesina por necesidad militar.
Se mata para enseñar.
Se tortura para sembrar el miedo.
Se convierte el crimen en un método pedagógico y el terror en una asignatura obligatoria para gobernados y gobernantes.
Toda dictadura termina siendo una gran escuela del miedo. No importa en qué lugar del espectro ideológico esté situada. Puede ser como la de Hitler en Alemania o la de Stalin en la desaparecida URSS, o la de Pinochet en Chile, o la cubana de los Castros. Porque al final todo es igual, muerte y desesperación.
La cofradía de los verdugos
Diversos testimonios y expedientes históricos mencionan a numerosos militares y civiles vinculados con las torturas y asesinatos de los expedicionarios de junio de 1959. Entre ellos aparecen los nombres de Johnny Abbes García, José Arismendy Trujillo, los llamados «Cocuyos de la Cordillera», Juan Antonio Minaya, Felipe Cartagena Portalatín, Octavio Jorge Pichardo, Juan Tomás Díaz, Rudy Suero Rosa, Mélido Marte Pichardo, el mercenario yugoslavo-croata Vladimir Cessen, Fernando A. Sánchez hijo (Tunti), César Báez, Pirulo Sánchez Rubirosa, Rafael Rodríguez Echavarría, Máximo Bonetti Burgos, Octavio Balcácer, Luis José León Estévez, Alfonso León Estévez y Evangelista Cabrera, entre otros.
Posteriormente, la justicia dominicana también señaló a otros presuntos responsables, incluyendo al coronel Luis José León Estévez, César Rodríguez Villeta, Cándido Torres T. y José Ángel Rodríguez Villeta, además de «cualquier otro que pudiera surgir en el curso de la investigación».
En Constanza operaba además una denominada Legión Extranjera, integrada por mercenarios de distintas nacionalidades, entre ellos antiguos colaboradores del batistato cubano. Diversos testimonios mencionan a José María Salas Cañizales, al coronel conocido como «El Húngaro» y a Miguelito «El Niño».
Muchos de aquellos hombres parecían haber perdido la capacidad de distinguir entre la guerra y el asesinato.
Para ellos, quitarle la vida a un ser humano era tan rutinario como practicar un deporte cualquiera.
El precio de la deshumanización
La historia de Ramfis Trujillo constituye una de las más trágicas ironías de la Era de Trujillo.
El régimen que proclamaba el orden terminó criando el caos.
El régimen que decía defender la civilización terminó produciendo barbarie.
El régimen que exaltaba la disciplina terminó dejando como heredero político a un hombre perseguido por sus propios fantasmas.
Porque las dictaduras no solamente destruyen instituciones y libertades; también destruyen a quienes las ejercen. El miedo que imponen a la sociedad termina devorando a los propios arquitectos del terror.
Conclusión
Las dictaduras suelen presentarse como remedios milagrosos para los problemas nacionales. Prometen orden, estabilidad y grandeza. Pero la experiencia histórica demuestra algo muy distinto: terminan produciendo miedo, corrupción, arbitrariedad, violencia y tragedias humanas.
La historia de Ramfis Trujillo es una advertencia para todas las generaciones.
Ningún país se fortalece cuando el poder se concentra en un hombre o en una familia.
Ninguna nación progresa cuando el miedo sustituye a la justicia.
Ningún pueblo puede considerarse libre cuando la obediencia se obtiene mediante la tortura y el terror.
Los dictadores pasan.
Sus estatuas caen.
Sus retratos se guardan en los archivos.
Pero las heridas que dejan en las familias y en la memoria de las naciones pueden durar siglos.
Epílogo
Las dictaduras son fábricas de silencios y cementerios de ilusiones.
Al principio prometen seguridad; después exigen obediencia absoluta.
Comienzan persiguiendo adversarios y terminan persiguiendo hasta sus propias sombras.
Finalmente descubren que el miedo que sembraron en la sociedad también ha germinado en sus propios hogares.
La verdadera grandeza de un país no se mide por la cantidad de uniformes, ni por el número de estatuas levantadas al gobernante de turno. Se mide por la fortaleza de sus instituciones, el respeto a la dignidad humana y la capacidad de los ciudadanos para vivir sin temor.
La historia de Ramfis y de la Era de Trujillo constituye, en última instancia, una lección permanente: cuando un pueblo entrega su libertad a un caudillo, tarde o temprano termina pagando un precio demasiado alto.
La democracia es imperfecta, ruidosa y muchas veces desesperante.
La dictadura, en cambio, suele parecer eficiente… hasta que comienzan los fusilamientos, las prisiones y los fantasmas.
Bibliografía educativa recomendada
- Crassweller, Robert D. Trujillo: The Life and Times of a Caribbean Dictator. New York: Macmillan, 1966.
- Galíndez, Jesús de. La Era de Trujillo: Un Estudio Casuístico de Dictadura Hispanoamericana. Buenos Aires: Editorial del Pacífico, 1956.
- Vega, Bernardo. Trujillo y sus Generales. Santo Domingo: Fundación Cultural Dominicana, varios tomos.
- Wiarda, Howard J. Dictatorship and Development: The Methods of Control in Trujillo’s Dominican Republic. Gainesville: University Press of Florida.
- Cassá, Roberto. Historia Social y Económica de la República Dominicana. Santo Domingo: Editora Alfa y Omega.
- Moya Pons, Frank. Manual de Historia Dominicana. Santo Domingo: Caribbean Publishers.
- Bosch, Juan. Composición Social Dominicana. Santo Domingo: Alfa y Omega.
- Germán Ornes, Víctor. Trujillo: Pequeña Historia Casi Novelada de una Tiranía. Santo Domingo.


