POR EL TRILLO DE LA INTRAHISTORIA DE CUBA
Miguel Matamoros en «Lágrimas Negras» y «Son de la Loma»: el alma musical de Cuba
Por Ramon Emilio Espinola

Resumen (Abstracto)
La verdadera historia de los pueblos no siempre se encuentra en los decretos gubernamentales, en las guerras o en los discursos de los políticos, esos personajes que suelen creer que el universo comenzó el día en que llegaron al poder y terminará cuando ellos se marchen. La historia profunda de las naciones, su auténtica alma, descansa en las canciones, en las lágrimas, en las esperanzas y en las pequeñas tragedias de la gente común. Es ahí donde descansa la intrahistoria.
Este ensayo explora la intrahistoria de Cuba a través de dos de sus composiciones más emblemáticas: «Lágrimas Negras» y «Son de la Loma», del extraordinario compositor y sonero cubano Miguel Matamoros. Ambas canciones han logrado lo que muy pocas obras de arte consiguen: convertir el dolor, la nostalgia y la alegría en patrimonio universal.
Prologo
Cada pueblo posee una melodía que lo define.
Argentina tiene sus tangos; México, sus rancheras; República Dominicana, su merengue y su bachata. Cuba, sin embargo, parece haber sido creada al ritmo del son. Allí la música no es un entretenimiento: es una forma de respirar.
La isla ha vivido en una permanente ebullición social, política y cultural. Revoluciones, dictaduras, intervenciones, exilios y crisis económicas han pasado por su historia como huracanes sobre el Caribe. Pero mientras los gobiernos iban y venían, mientras los caudillos se proclamaban salvadores de la patria y luego eran sustituidos por otros igualmente convencidos de ser imprescindibles, el pueblo cubano continuaba cantando.
Porque el cubano puede carecer de muchas cosas, pero rara vez le falta una canción.
Y entre todas las canciones de Cuba, dos han terminado por convertirse en auténticos himnos sentimentales de la nación: «Lágrimas Negras» y «Son de la Loma».
La intrahistoria y el alma de los pueblos.
La intrahistoria de los pueblos es la esencia de la vida tradicional, de lo cotidiano, de aquello que permanece mientras la historia oficial cambia de uniforme y de discurso cada veinte o treinta años.
Es la historia de la mujer que llora en un balcón, del hombre que se marcha y no regresa, del músico que convierte la pena ajena en una melodía inmortal.
La historia visible habla de presidentes y generales; la intrahistoria, en cambio, habla de seres humanos.
Y pocas canciones han retratado mejor el alma humana que «Lágrimas Negras».
El misterio del nacimiento de «Lágrimas Negras»
Como toda gran obra de arte, la canción está rodeada de leyendas.
Primera versión: la muchacha abandonada de Santo Domingo
Se cuenta que Miguel Matamoros viajó a Santo Domingo en 1929 y se hospedó en el hostal de Luz Sardaña. Durante varias noches escuchó el llanto incesante de una joven abandonada por su enamorado.
La muchacha lloraba y lloraba.
Tal vez el novio había huido con otra mujer; tal vez simplemente descubrió que el matrimonio implicaba trabajar y decidió desaparecer.
Conmovido por aquella tragedia amorosa, Matamoros habría compuesto la canción.
Segunda versión: el ciclón San Zenón
Otra versión afirma que el compositor se encontraba en Santo Domingo en 1930 cuando el ciclón San Zenón destruyó media ciudad.
La tragedia sembró la muerte y el pánico.
Miguel tenía una novia dominicana, una maestra, a quien había prometido matrimonio.
Después del ciclón, ambos quedaron separados y ella, creyéndose abandonada, le escribió una carta llena de desconsuelo.
No sería extraño que una de las canciones más tristes del Caribe naciera precisamente de un huracán, pues los ciclones, además de derribar casas, tienen la desagradable costumbre de derribar ilusiones.
Tercera versión: la vecina abandonada
Finalmente, el propio Matamoros ofreció una explicación en una entrevista concedida al periodista santiaguero Alberto Muguercia a finales de la década de 1960.
Dijo:
«Lágrimas Negras es un bolero-son, pero no lo compuse por un asunto mío, sino por una vecina que siempre llegaba a la casa lamentándose de que el marido, sin razón, la había abandonado.»
En aquella conversación también confesó una tragedia personal que probablemente marcó su sensibilidad artística.
Su padre, Marcelino Verdecia, abandonó a la familia cuando él era apenas un niño.
Recordaba Miguel:
«Un día mi papá se fue y nos dejó solos con mamá…»
Aquella herida nunca desapareció.
Quizás por ello la canción transmite un dolor tan auténtico.
Porque el abandono, aunque uno aprenda a vivir con él, deja cicatrices que terminan convirtiéndose en música.
¿Cuál de las tres historias es la verdadera?
Nadie puede afirmarlo con absoluta certeza.
Quizás las tres contengan algo de verdad.
Después de todo, las grandes canciones no pertenecen a un solo episodio de la vida; son la suma de muchas penas y de muchos recuerdos.
Pero si hubiera que elegir una versión, la tercera parece la más convincente, porque proviene del propio compositor.
Y en cuestiones de lágrimas, nadie puede discutirle a quien las ha derramado.
«Son de la Loma»: la alegría de un pueblo
Si «Lágrimas Negras» representa el sufrimiento del alma cubana, «Son de la Loma» simboliza su alegría.
Pocas composiciones han logrado resumir la identidad de un país con tanta sencillez:
«Mamá, yo quiero saber de dónde son los cantantes…»
La respuesta es casi una declaración de principios:
«Son de la loma y cantan en el llano.»
En esa frase habita la Cuba profunda.
La del campesino, la del barrio humilde, la de la gente sencilla que convirtió la música en su mayor riqueza.
Porque las naciones pueden perder imperios, gobiernos y hasta monedas, pero mientras conserven sus canciones, seguirán teniendo alma.
Miguel Matamoros: un gigante de la música cubana
Miguel Matamoros fue uno de los más grandes soneros de Cuba.
Compuso un vasto repertorio de sones, boleros, guarachas y montunos.
Su obra trascendió fronteras y generaciones.
Sus canciones han sido interpretadas por grandes figuras de la música latinoamericana y universal, entre ellas Compay Segundo, Omara Portuondo, Bebo Valdés y Diego el Cigala.
Pero su mayor triunfo no fue la fama.
Fue algo mucho más difícil:
Logró que cada vez que se escuchen «Lágrimas Negras» o «Son de la Loma», en cualquier rincón del planeta, aparezca inmediatamente la imagen sentimental de Cuba.
La letra de la canción habla de ruptura, de abandono y de cómo las personas se niegan a renunciar al amor aunque, a veces, se queden solas.
Aunque tú me has dejado en el abandono
Aunque tú has muerto todas mis ilusiones
En vez de maldecirte con justo encono
En mis sueños te colmo
En mis sueños te colmo
De bendiciones
Sufro la inmensa pena de tu extravío
Siento el dolor profundo de tu partida
Y lloro sin que sepas que el llanto mío
Tiene lágrimas negras
Tiene lágrimas negras
Como mi vida
Conclusión
Los políticos suelen pensar que son ellos quienes representan a las naciones.
La historia demuestra exactamente lo contrario.
Pocos recuerdan los nombres de muchos ministros y presidentes que gobernaron durante el siglo pasado.
Sin embargo, millones de personas siguen cantando:
«Aunque tú me has dejado en el abandono…»
La música posee una extraña victoria sobre el tiempo.
Los gobiernos pasan.
Las ideologías envejecen.
Las consignas se desgastan.
Las canciones permanecen.
Epílogo
Si algún extranjero deseara comprender el alma de Cuba, quizás no debería comenzar leyendo discursos políticos ni estudiando manifiestos revolucionarios.
Debería sentarse en un viejo portal habanero al caer la tarde y escuchar «Lágrimas Negras» y «Son de la Loma».
Allí descubriría que Cuba es una mezcla irrepetible de tristeza y alegría, de nostalgia y esperanza.
Comprendería que los pueblos sobreviven no por la fuerza de sus gobiernos, sino por la persistencia de su cultura.
Y entendería, finalmente, que mientras un cubano siga cantando un son en alguna parte del mundo, la isla seguirá existiendo más allá de cualquier crisis, de cualquier frontera y de cualquier ideología.
Porque las patrias, en ocasiones, caben enteras dentro de una canción.
Bibliografía recomendada
- Giro, Radamés. Diccionario Enciclopédico de la Música en Cuba. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 2007.
- Orovio, Helio. Cuban Music from A to Z. Durham: Duke University Press, 2004.
- Sublette, Ned. Cuba and Its Music: From the First Drums to the Mambo. Chicago: Chicago Review Press, 2004.
- Manuel, Peter. Caribbean Currents: Caribbean Music from Rumba to Reggae. Philadelphia: Temple University Press, 2014.
- León, Argeliers. Del Canto y el Tiempo. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1984.
- Acosta, Leonardo. Música y Descolonización Cultural. La Habana: Editorial Arte y Literatura, 1982.
- Thomas, Hugh. Cuba: The Pursuit of Freedom. New York: Harper & Row, 1971.
- Ortiz, Fernando. Los instrumentos de la música afrocubana. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1952.
- Moore, Robin. Nationalizing Blackness: Afrocubanismo and Artistic Revolution in Havana, 1920–1940. Pittsburgh: University of Pittsburgh Press, 1997.


