POR EL TRILLO DE LA INTRAHISTORIA
AÍDA CARTAGENA PORTALATÍN
Una de las grandes mujeres de la historia literaria dominicana
Por Ramón Emilio Espinola

ABSTRACT
Este ensayo rescata la trayectoria intelectual, literaria, pedagógica y cultural de Aída Cartagena Portalatín (Moca, 18 de junio de 1918 – Santo Domingo, 3 de junio de 1994), una de las voces fundamentales de la literatura dominicana del siglo XX.
Poeta, narradora, ensayista, educadora e investigadora de la cultura, Cartagena Portalatín desarrolló una obra profundamente vinculada a la condición humana, la libertad, la identidad, la soledad y la situación de la mujer en una sociedad marcada por estructuras patriarcales.
Su participación en La Poesía Sorprendida, sus estudios de posgrado en París, su labor docente, su vinculación con la historia del arte, su trabajo internacional y su producción literaria la convirtieron en una figura de dimensión nacional e internacional. Fue consejera cultural de la UNESCO en París en 1965 y participó como jurado del Premio Casa de las Américas en La Habana en 1977.
Este trabajo pretende contribuir a que su nombre y su obra permanezcan vivos en la memoria de las nuevas generaciones dominicanas.
Palabras clave: Aída Cartagena Portalatín, literatura dominicana, poesía, mujer, feminismo, Poesía Sorprendida, historia cultural, República Dominicana.
PRÓLOGO
Cuando una nación olvida a sus grandes mujeres.
Hay pueblos que recuerdan a sus grandes hombres y, sin embargo, dejan que algunas de sus grandes mujeres se marchiten lentamente en el jardín de la memoria.
No siempre el olvido es producto de la ignorancia. A veces es consecuencia de una cultura que durante demasiado tiempo acostumbró a mirar la historia con un solo ojo.
Por eso resulta necesario volver sobre aquellas mujeres que, desde la palabra, la educación, el arte, la investigación y la cultura, fueron abriendo caminos cuando todavía muchas puertas permanecían cerradas.
Una de ellas fue Aída Cartagena Portalatín.
Mocana de nacimiento, dominicana por sentimiento y universal por formación intelectual, Aída perteneció a esa estirpe de mujeres que no necesitaron levantar grandes monumentos para dejar una huella profunda. Su monumento fue su palabra.
Su vida atravesó buena parte del siglo XX dominicano: nació durante la primera ocupación militar estadounidense de 1916-1924, desarrolló su juventud intelectual durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo y alcanzó su madurez en la compleja República Dominicana posterior a 1961.
En medio de esas circunstancias, escogió un instrumento que ningún poder podía confiscar completamente: la inteligencia.
Y con ella construyó una obra literaria que todavía reclama lectores.
I- La muchacha de Moca que salió a conquistar el mundo
Aída Cartagena Portalatín nació en Moca el 18 de junio de 1918.
Llegó al mundo cuando la República Dominicana se encontraba bajo la ocupación militar estadounidense iniciada en 1916. Aquella niña mocana crecería, por tanto, en un país sometido a profundas transformaciones políticas, económicas y culturales.
Realizó sus estudios primarios y secundarios en Moca, ciudad a la que permaneció espiritualmente vinculada durante toda su existencia. Posteriormente se trasladó a Santo Domingo para continuar su formación universitaria.
Ingresó a la Universidad de Santo Domingo, donde obtuvo el doctorado en Humanidades. Más tarde viajó a París para ampliar su formación y realizó estudios de posgrado relacionados con la museografía y la teoría de las artes plásticas. Las fuentes bibliográficas dominicanas consultadas coinciden en señalar esta formación parisina, aunque algunas referencias secundarias difieren en cuanto a la institución específica.
París no fue simplemente una ciudad visitada por Aída.
Fue una ventana.
Y por aquella ventana entraron a su pensamiento Europa, las artes, la literatura universal, los museos, las nuevas corrientes estéticas y una concepción mucho más amplia del ser humano.
Su intelecto comenzó entonces a caminar por territorios que desbordaban la pequeña geografía insular.
II- La maestra que convirtió el conocimiento en servicio
Aída Cartagena Portalatín no fue únicamente escritora.
Fue también maestra.
Durante años ejerció la docencia en el ámbito universitario y en la Escuela Nacional de Bellas Artes, vinculando especialmente su labor con la historia del arte y la historia de la civilización.
También dirigió los cuadernos literarios Brigadas Dominicanas y colaboró en la vida intelectual de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.
Esta dimensión pedagógica resulta fundamental.
Porque enseñar historia del arte no significa simplemente enumerar nombres, fechas y estilos.
Significa enseñar al ser humano a mirar.
Mirar un cuadro.
Mirar una escultura.
Mirar una civilización.
Mirarse a sí mismo.
Aída entendió que la cultura no podía ser un privilegio de unos pocos. La cultura tenía que servir para ampliar el horizonte espiritual del individuo.
Por eso su obra intelectual transitó entre la literatura, la historia del arte, la antropología cultural y la reflexión sobre la identidad.
III- Aída y La Poesía Sorprendida
En las décadas de 1940 y 1950 surgió en la República Dominicana uno de los movimientos literarios más importantes de nuestra historia: La Poesía Sorprendida.
El movimiento comenzó a publicar su revista en 1943 y reunió a importantes escritores dominicanos alrededor de una concepción de la poesía abierta a la universalidad y contraria a las limitaciones del aislamiento cultural. Aída Cartagena Portalatín estuvo vinculada activamente al movimiento y publicó allí parte de sus primeras obras fundamentales.
En aquel ambiente literario, dominado mayoritariamente por hombres, la presencia de Aída adquirió una significación especial.
No llegó para pedir permiso.
Llegó para escribir.
Y escribir en aquella sociedad ya constituía, para una mujer intelectual, una forma de afirmación.
Sus primeros libros —Víspera del sueño (1944) y Del sueño al mundo (1945)— marcaron una etapa decisiva de su evolución poética.
Posteriormente aparecerían otras obras que confirmarían una trayectoria literaria de extraordinaria continuidad.
Aída no fue una escritora de una sola época.
Fue una escritora de varias estaciones.
IV- Una mujer está sola
Hay títulos que son casi una biografía.
Una mujer está sola; es uno de ellos.
La soledad en Aída Cartagena Portalatín no debe interpretarse únicamente como una circunstancia sentimental.
Es también una metáfora histórica.
La mujer sola frente a una sociedad que la observa.
La mujer sola frente al poder.
La mujer sola frente a las convenciones.
La mujer sola frente a la tradición.
La mujer sola frente a sí misma.
En poemas como “Estación en la tierra”, “Una mujer está sola” y “La casa”, aparecen con fuerza temas relacionados con la soledad, la rebeldía y la condición femenina.
La crítica ha destacado precisamente esa preocupación social presente en su producción poética.
Aída comprendió que una mujer no podía ser reducida a la categoría de hija, esposa o madre.
Era también un ser intelectual.
Un ser político.
Un ser creador.
Un ser humano con derecho a pensar y a decidir.
Y esa concepción atraviesa buena parte de su obra.
V- La mujer y el largo camino hacia la ciudadanía
Cuando hablamos de Aída Cartagena Portalatín y de la mujer dominicana del siglo XX, debemos evitar una confusión histórica.
El derecho al voto de la mujer dominicana no fue una concesión repentina ni puede atribuirse exclusivamente a una o dos mujeres.
Fue el resultado de un proceso sufragista mucho más amplio.
Abigaíl Mejía fue una de sus grandes precursoras. En 1931 fundó Acción Feminista Dominicana y defendió públicamente el derecho de las mujeres a participar en la vida política. Murió el 14 de marzo de 1941, un año antes de que la Constitución de 1942 reconociera el sufragio femenino.
Por eso conviene hacer una precisión a la versión tradicional del relato.
Abigaíl no pudo actuar directamente en 1942 porque ya había fallecido. Pero su lucha, junto con la de numerosas sufragistas, formó parte del proceso que condujo al reconocimiento constitucional de ese derecho.
El 16 de mayo de 1942, las dominicanas ejercieron por primera vez el derecho al voto en unas elecciones nacionales, después de que la reforma constitucional de enero de ese año reconociera el sufragio femenino.
La historia, cuando se cuenta con rigor, no necesita exageraciones.
La verdad de los hechos basta para honrar a sus protagonistas.
Y entre esas protagonistas estuvieron mujeres como Abigaíl Mejía, Ercilia Pepín, Celeste Woss y Gil y muchas otras que participaron en las luchas por los derechos civiles y políticos de las dominicanas.
Aída pertenece a otra generación de mujeres intelectuales que continuaron ensanchando ese territorio.
Su batalla fue principalmente cultural.
Pero las batallas culturales también transforman las sociedades.
VI- La palabra como rebeldía
Aída Cartagena Portalatín vivió bajo la dictadura de Trujillo durante buena parte de sus años de formación y madurez.
Aquello no puede ignorarse cuando estudiamos su producción.
La literatura no vive suspendida en el vacío.
El escritor respira el aire de su tiempo.
Y cuando ese aire está cargado de miedo, censura, vigilancia y silencios, hasta una palabra aparentemente íntima puede adquirir dimensiones históricas.
La Poesía Sorprendida desarrolló su actividad precisamente durante los años de la dictadura.
La relación entre literatura y régimen fue compleja, y no todos sus integrantes adoptaron las mismas posiciones frente al poder. Estudios recientes han subrayado la necesidad de analizar esa producción dentro de las condiciones políticas y culturales de aquellos años.
Aída encontró en la poesía una forma particular de libertad.
No necesitaba convertir cada poema en un discurso político.
A veces bastaba con afirmar la existencia de una conciencia individual.
Porque en una sociedad autoritaria, afirmar el derecho a pensar ya puede constituir un acto de resistencia espiritual.
VII- De la poesía a la narrativa
Aída no quedó encerrada en el territorio del verso.
Su inteligencia buscó otros caminos.
Escribió narrativa, ensayo y estudios relacionados con la cultura dominicana y caribeña.
Entre sus obras narrativas sobresale Escalera para Electra, novela que fue finalista del Premio Biblioteca Breve de la editorial Seix Barral en 1969, reconocimiento que proyectó su nombre más allá de las fronteras dominicanas.
También publicó Tablero, libro de relatos, y La tarde en que murió Estefanía.
Su producción ensayística demuestra igualmente su interés por las raíces culturales de nuestro pueblo.
Entre sus trabajos figuran:
Danza, música e instrumentos de los indios de la Española, publicado en 1974, y Culturas africanas: rebeldes sin causa, de 1986.
Este último título revela, además, una preocupación esencial de Aída: estudiar aquellas dimensiones de la cultura africana que durante demasiado tiempo fueron marginadas o contempladas desde prejuicios heredados.
La intelectual dominicana no podía comprender plenamente nuestra identidad si ignoraba una de sus raíces fundamentales.
VIII- La intelectual dominicana que llegó a París
La trayectoria internacional de Aída demuestra que la cultura dominicana podía dialogar de tú a tú con el mundo.
En 1965 trabajó como consejera de la UNESCO en París.
En 1977 formó parte del jurado del prestigioso Premio Casa de las Américas, en La Habana.
No eran cargos decorativos.
Eran reconocimientos a una trayectoria intelectual.
Aída había salido de Moca.
Había atravesado Santo Domingo.
Había llegado a París.
Había estudiado las artes.
Había enseñado.
Había escrito.
Y finalmente el mundo cultural internacional comenzó a reconocerla.
Aquella trayectoria constituye una lección para las nuevas generaciones:
La universalidad no exige renunciar a la patria.
Al contrario.
Aída llevó a la cultura internacional la experiencia intelectual de una mujer nacida en una pequeña ciudad del Caribe.
IX- Una obra que todavía nos habla
Su producción literaria comprende poesía, narrativa y ensayo.
Poesía
- Víspera del sueño (1944).
- Del sueño al mundo (1945).
- Mi mundo el mar (1953).
- Una mujer está sola (1955).
- La voz desatada (1962).
- La tierra escrita (1967).
- Yania tierra (1981).
- En la casa del tiempo (1984).
Relato
- Tablero (1978).
Novela
- Escalera para Electra (1969/1970, según edición).
- La tarde en que murió Estefanía (1983).
Ensayo
- Danza, música e instrumentos de los indios de la Española (1974).
- Culturas africanas: rebeldes sin causa (1986).
Las bibliografías consultadas confirman este núcleo fundamental de su producción, aunque existen diferencias entre catálogos en cuanto a fechas, editoriales y algunas denominaciones bibliográficas.
Esto último no es un detalle menor.
La bibliografía también forma parte de la historia.
Y un país que desea conservar su memoria debe conservar correctamente sus libros.
X- Aída y las otras grandes mujeres dominicanas
Cuando colocamos a Aída Cartagena Portalatín dentro de la historia intelectual dominicana, aparecen inevitablemente otros nombres.
Salomé Ureña de Henríquez.
Abigaíl Mejía.
Ercilia Pepín.
Celeste Woss y Gil.
Carmen Natalia Martínez.
Minerva Mirabal.
Mujeres distintas, de épocas diferentes y con experiencias también diferentes.
Pero existe un hilo invisible que las comunica:
la conquista del derecho a ser escuchadas.
Salomé hizo de la educación una bandera.
Abigaíl hizo del feminismo una causa.
Ercilia convirtió la enseñanza en una forma de patriotismo.
Celeste abrió caminos en las artes plásticas.
Y Aída hizo de la literatura, la investigación y la cultura instrumentos de emancipación intelectual.
No debemos construir una competencia entre ellas.
La historia no necesita escoger una sola estrella.
Puede contemplar una constelación.
XI- El problema del olvido
En mi libro Pedro Henríquez Ureña, el olvidado, he sostenido la necesidad de rescatar del silencio a determinadas figuras de nuestra cultura.
Algo semejante ocurre con Aída Cartagena Portalatín.
No afirmo que haya desaparecido completamente de las universidades ni de los círculos especializados.
No sería históricamente correcto.
Existen investigaciones, antologías, estudios académicos y reediciones de su obra. Incluso la Biblioteca del Congreso Nacional Juan Pablo Duarte conserva una ficha de autoridad dedicada a su trayectoria.
Pero una cosa es permanecer en los catálogos y otra muy distinta permanecer en la conciencia colectiva.
Y esa diferencia es enorme.
Un escritor puede estar en una biblioteca y, al mismo tiempo, estar ausente de la memoria popular.
Ahí comienza el verdadero olvido.
Y quizá ese sea el problema de Aída.
No necesitamos solamente que las universidades la estudien.
Necesitamos que nuestros jóvenes la lean.
Que los profesores la expliquen.
Que las bibliotecas exhiban sus libros.
Que las nuevas generaciones conozcan su nombre.
Que Moca recuerde a su hija ilustre.
Que Santo Domingo la reconozca como una de sus grandes intelectuales.
Y que la República Dominicana comprenda que la cultura no es un lujo.
Es la memoria organizada de un pueblo.
XII- Aída frente al espejo de la historia
Aída Cartagena Portalatín murió en Santo Domingo el 3 de junio de 1994. Tenía setenta y cinco años.
Pero las personas de pensamiento profundo no mueren completamente.
Quedan en sus libros.
Quedan en sus discípulos.
Quedan en las preguntas que formularon.
Quedan en las generaciones que todavía pueden descubrirlas.
Aída dejó una pregunta que sigue siendo contemporánea:
¿Cuál es el lugar de la mujer dentro de la historia?
Y podríamos añadir otra:
¿Cuál es el lugar de la cultura dentro de la construcción de una nación?
La respuesta de Aída fue su propia vida.
Estudió.
Viajó.
Enseñó.
Investigó.
Escribió.
Publicó.
Representó a su país.
Y defendió, desde la literatura, la dignidad de la conciencia humana.
FINAL
Una mujer que convirtió la soledad en palabra
Quizá la mejor manera de recordar a Aída Cartagena Portalatín sea regresar a aquella imagen que tantas veces aparece en su poesía:
Una mujer sola.
Pero ahora podemos contemplarla desde otra perspectiva.
No era una mujer derrotada por la soledad.
Era una mujer que convirtió la soledad en palabra.
Y la palabra en pensamiento.
Y el pensamiento en literatura.
Y la literatura en memoria.
Moca le dio la primera luz.
Santo Domingo le abrió las puertas de la universidad.
París le amplió los horizontes.
La literatura le entregó una voz.
Y la historia terminó convirtiendo aquella voz en patrimonio.
Aída Cartagena Portalatín pertenece a esa reducida estirpe de intelectuales que no escribieron solamente para su tiempo.
Escribieron para interrogarlo.
Y cuando una escritora consigue que varias generaciones después alguien vuelva a abrir sus libros y encuentre allí sus propias preguntas, entonces su obra ha vencido al tiempo.
Aída murió en 1994.
Pero la mujer que escribió no ha muerto.
Continúa caminando por las páginas.
Continúa preguntando.
Continúa incomodando.
Continúa enseñando.
Y quizá esa sea la forma más hermosa de inmortalidad que puede alcanzar un escritor:
Seguir conversando con los vivos después de haber partido.
EPÍLOGO
Lección para las generaciones que vienen
Hay una enseñanza que podemos extraer de la vida de Aída Cartagena Portalatín que va mucho más allá de la literatura.
Los pueblos que conocen su historia tienen mayores posibilidades de comprender su presente.
Y los pueblos que olvidan a sus intelectuales terminan empobreciendo su propia memoria.
Aída nos enseña que una mujer nacida en una ciudad del interior de una pequeña nación caribeña podía convertirse en una intelectual de dimensión internacional.
Nos enseña que estudiar no es acumular títulos.
Es ampliar la capacidad de comprender el mundo.
Nos enseña que viajar no significa abandonar la patria.
Significa regresar con nuevos ojos para mirarla.
Nos enseña que escribir no consiste solamente en juntar palabras.
Es también interrogar a la sociedad.
Y nos enseña algo todavía más importante:
Que la cultura necesita memoria.
Por eso debemos enseñar a nuestros jóvenes que la República Dominicana no solamente produjo grandes políticos, militares, presidentes y revolucionarios. Produjo grandes mujeres.
Y también produjo poetas.
Educadores.
Pintores.
Músicos.
Historiadores.
Pensadores.
Mujeres extraordinarias en todos los campos.
Entre ellas estuvo Aída Cartagena Portalatín.
Si algún día un joven dominicano entra en una biblioteca, encuentra uno de sus libros, lo abre y comienza a leer, entonces habremos ganado una pequeña batalla contra el olvido.
Porque al final de cuentas, la verdadera muerte de un escritor no ocurre cuando su corazón deja de latir.
Ocurre cuando nadie vuelve a leerlo.
Y mientras alguien lea a Aída Cartagena Portalatín, Aída seguirá viva.
BIBLIOGRAFÍA EDUCATIVA Y DE CONSULTA
Obras de Aída Cartagena Portalatín
Cartagena Portalatín, Aída. Víspera del sueño. Santo Domingo: Ediciones de La Poesía Sorprendida, 1944.
———. Del sueño al mundo. Santo Domingo: Ediciones de La Poesía Sorprendida, 1945.
———. Mi mundo es el mar. Santo Domingo: Editora Stella, 1953.
———. Una mujer está sola. Santo Domingo: Editora Stella, 1955.
———. La voz desatada. Santo Domingo: Editora La Nación, 1962.
———. La tierra escrita. Santo Domingo: Editora Arte y Cine, 1967.
———. Escalera para Electra. Santo Domingo: Universidad Autónoma de Santo Domingo, 1970.
———. Danza, música e instrumentos de los indios de la Española. Santo Domingo: Universidad Autónoma de Santo Domingo, 1974.
———. Tablero. Santo Domingo: Editora Taller, 1978.
———. Yania tierra. Santo Domingo: Colección Montesinos, 1981.
———. La tarde en que murió Estefanía. Santo Domingo: Editora Taller, 1983.
———. En la casa del tiempo. Santo Domingo: Universidad Autónoma de Santo Domingo, 1984.
———. Culturas africanas: rebeldes sin causa. Santo Domingo: Editora Taller, 1986.
Fuentes y estudios de consulta
Biblioteca del Congreso Nacional Juan Pablo Duarte. Autoridad bibliográfica de Aída Cartagena Portalatín, 1918-1994. Catálogo de autoridades.
Hernández Núñez, Ángela. “Aída Cartagena Portalatín en el siglo XX.” Estudio sobre su trayectoria literaria, su participación en La Poesía Sorprendida y la evolución de su obra.
Hernández Núñez, Ángela. Estudios sobre Aída Cartagena Portalatín publicados en la Revista de Estudios Hispánicos, con especial atención a su trayectoria intelectual y poética.
Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. Aída Cartagena Portalatín: biografía y trayectoria intelectual. Biblioteca y recursos digitales.
Ministerio de la Mujer de la República Dominicana. Materiales históricos sobre el sufragio femenino y la participación de las sufragistas dominicanas.
Biblioteca del Congreso Nacional Juan Pablo Duarte. Abigaíl Mejía, 1895-1941. Registro de autoridad y trayectoria intelectual.
Lora, Elvira. “Necesaria cronología del voto de las mujeres dominicanas previo a 1942.” Hoy, suplemento Areíto, 21 de mayo de 2022.
NOTA DEL AUTOR
Rescatar a nuestros escritores no significa convertirlos en estatuas.
Significa devolverlos a los lectores.
Porque una nación que conoce sus libros conoce mejor su propia alma.
Ramón Emilio Espinola


