InicioEDITORIALEDITORIAL: La banca dominicana, el gran motor silencioso de la economía

EDITORIAL: La banca dominicana, el gran motor silencioso de la economía

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Carlos Marquez Cabrera /

Cuando se habla del crecimiento económico de la República Dominicana, casi siempre pensamos en turismo, zonas francas, remesas o inversión extranjera.

Sin embargo, existe un protagonista que pocas veces ocupa los titulares y que resulta indispensable para que toda esa maquinaria funcione: la banca dominicana.

Hoy el sistema financiero nacional administra activos superiores a los 4.28 billones de pesos, una cartera de créditos que supera los 2.4 billones y mantiene uno de los índices de morosidad más bajos de América Latina, cercano al 2 %.

Además, presenta niveles de solvencia muy por encima de los estándares internacionales, lo que refleja un sistema sólido y estable.

Estas cifras tienen una enorme importancia. Los bancos son el puente entre el ahorro y la inversión. Es allí donde los recursos de miles de depositantes se convierten en préstamos para construir viviendas, financiar empresas, impulsar el comercio, apoyar la agricultura y facilitar el consumo de las familias.

Sin una banca fuerte sería imposible sostener el ritmo de crecimiento que ha mostrado la economía dominicana durante los últimos años.

Pero una visión objetiva también obliga a mirar el otro lado de la moneda.

La fortaleza del sistema convive con inquietudes que expresan empresarios, emprendedores y consumidores.

Muchos consideran que el crédito sigue siendo costoso, que las pequeñas empresas enfrentan dificultades para acceder al financiamiento y que existe una amplia diferencia entre las tasas que los bancos pagan por los depósitos y las que cobran por los préstamos. A ello se suma una elevada concentración del mercado en pocas entidades financieras de gran tamaño.

Nada de esto significa que la banca sea un problema. Significa, simplemente, que un sistema sólido también debe responder a las expectativas de una economía que aspira a crecer con mayor inclusión y competitividad.

Otro reto importante es la transformación digital. La banca invierte cada vez más en tecnología, inteligencia artificial y ciberseguridad para proteger las operaciones de millones de clientes. Ese proceso mejora la eficiencia, pero también exige inversiones permanentes para enfrentar nuevas amenazas informáticas.

En definitiva, la banca dominicana constituye uno de los pilares de la estabilidad económica del país. Su fortaleza es una buena noticia para la inversión y la confianza.

Sin embargo, el gran desafío del futuro será que esa solidez continúe acompañada de un crédito más accesible, mayor competencia y un respaldo cada vez más decidido a la producción nacional.

Porque una banca fuerte no solo debe generar confianza; también debe contribuir a que el crecimiento económico llegue con mayor amplitud a toda la sociedad.

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