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El Partido Laborista maniobra para que no haya otros candidatos y Burnham sea primer ministro a mediados de julio | Internacional

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Si la política es el arte de tragar sapos vivos sin hacer gestos, Keir Starmer ha demostrado estos días ser mejor político de lo que muchos diputados de su grupo parlamentario creían. El primer ministro, en situación de interinidad desde que el pasado lunes dimitió de su cargo y anunció un proceso de primarias que deberá comenzar el 9 de julio, ha acudido este miércoles a la sesión de control del Parlamento, para intentar poner buena cara mientras la líder del Partido Conservador, Kemi Badenoch, señalaba a todos los actuales ministros que han comenzado a flirtear con Andy Burnham, el exalcalde de Mánchester y primer ministro in pectore, si alguna sorpresa de última hora no altera esa expectativa.

“El test que cada primer ministro debe superar es el de dejar el país mejor de como lo encontró cuando accedió al cargo. Yo sé que de mí se puede decir eso, bastante más de lo que se puede decir de su predecesor [el de Badenoch], de la predecesora de su predecesor, o del predecesor de esa predecesora”, respondía Starmer, cuyo principal mérito, reconocido estos días por aliados y rivales en el Partido Laborista, fue poner punto final a una racha de 14 años de gobiernos conservadores.

Aunque un proceso de primarias con varios candidatos podría prolongarse hasta principios de septiembre, muy a pesar de Starmer, que debería ejercer el papel de pato cojo durante todo ese tiempo [como se conoce en la jerga política estadounidense, y ya casi mundial, a un dirigente en retirada], la velocidad con que se está desarrollando el proceso de transición sugiere que el apoyo masivo a Burnham frenará a cualquier otro aspirante. Y que siendo el único candidato, podría ocupar el puesto de primer ministro el mismo 17 de julio, cuando se acabe el plazo de presentación de candidaturas.

Durante las últimas horas había corrido la voz de que Darren Jones, secretario jefe de Starmer y su mano derecha y hombre de confianza, podría presentarse a la competición. No para ganarla, evidentemente, pero para forzar a Burnham a llevar a cabo una campaña explicativa de sus planes de Gobierno. Al menos un centenar de diputados que se han mantenido fieles hasta el final al actual líder del partido están molestos con la idea de ‘coronar’ sin más al exalcalde de Mánchester, y quieren saber si tiene un equipo preparado o una batería ya pensada de primeras medidas cuando entre, sin entra finalmente, en Downing Street.

Muchos de ellos, además, se muestran escépticos ante comentarios pasados de Burnham que pusieron en cuestión la disciplina fiscal de la actual ministra de Economía, Rachel Reeves, y defendían un mayor endeudamiento público para acelerar las necesarias inversiones. El exalcalde ha querido rectificar desde entonces, sobre todo al ver cómo los mercados recibían con nerviosismo, ya entonces, sus ideas.

“Andy Burnham va a ser el próximo primer ministro [del Reino Unido]. Si hubiera un proceso de primarias, lo ganaría. Así que la pregunta que yo tenía que hacerme era: ¿cuál sería el beneficio para el país o para el partido si se celebrara esa competición?”, reflexionaba Jones para Sky News, al anunciar que no iba a presentarse. Acababa de tener una larga conversación con el exalcalde, ha explicado, en la que le había transmitido la preocupación de un sector del grupo parlamentario. “Creo que Burnham entiende perfectamente lo que supone la disciplina fiscal, y creo además que el Gobierno todavía tiene margen para un cierto endeudamiento”, señalaba el hombre de confianza de Starmer.

Burnham se mantiene en silencio esta semana, mientras prepara lo que a todas luces será un proceso de transición ordenado con él como principal protagonista. Por fin ha tenido una conversación cara a cara, a solas, con Starmer, de más de una hora, este martes, y el todavía primer ministro ha dado luz verde para que el equipo de su rival pueda tener ya contactos con los principales altos funcionarios del Gobierno. Se trata de un proceso habitual cuando el país elige un nuevo primer ministro. En teoría, la orden ha sido para que cualquier posible contendiente al proceso de primarias tenga acceso a esa información, pero, de momento, solo Burnham está decidido a aprovecharla.

El plan de defensa

Queda la incógnita de Al Carns, ex secretario de Estado de las Fuerzas Armadas, un veterano muy respetado entre los diputados y afiliados laboristas, que no ha ocultado su deseo de liderar el partido. Todavía no ha dado el paso definitivo. “Tomaré mi decisión después de escuchar las propuestas políticas de Burnham”, ha dejado claro. También él se suma a la exigencia de que el exalcalde comience a aclarar sus planes antes entrar por aclamación en Downing Street.

La razón principal por la que Carns dimitió hace apenas unas semanas, después de que lo hiciera su jefe, el entonces ministro de Defensa, John Healey, fue la de protestar por el Plan de Inversión de Defensa elaborado por el Gobierno de Starmer, que suponía cerca de 10.000 millones de libras para el Ejército menos de lo que el Estado Mayor había reclamado, y lo que se había prometido en la Revisión Estratégica de Seguridad que se presenta cada año.

Aunque en un principio el equipo de Burnham había sugerido que Starmer debía paralizar esa decisión hasta que ellos tomaran las riendas, ahora han decidido que el todavía primer ministro puede presentar definitivamente el plan, y viajar así el 7 de julio a Turquía, donde se celebrará la próxima cumbre de la OTAN, con la cabeza alta, y menos posibilidades de sufrir una humillación adicional a manos del Gobierno de Donald Trump.

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