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EN VENEZUELA «BAILAN EN LAS CALLES» POR BONANZA DEL PETRÓLEO

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“Bailan en las calles”: Trump, el petróleo y la coreografía de la «verdad»

Por La Lupa Escéptica de TeclaLibre)

Donald Trump, el magnate del tuit dorado y las verdades a cuentagotas, reapareció esta semana con una declaración digna del mejor guión de ficción. Según el mandatario estadounidense, en Venezuela “la gente está bailando en las calles” gracias a los pingües beneficios del negocio petrolero. ¿Será que el expresidente confundió Caracas con Miami Beach, bailando el merengue del dominicano Luis -el terror- Diaz, y cantado por Villalona? ¿O será que su cadena de noticias favorita le puso un video de un carnaval en Santo Domingo mientras él cenaba langosta con los peces gordos de ExxonMobil?

Vayamos por partes, que aquí no hay quien baile, sino quien tropiece.

Los “bailes” están en la factura de la luz en Venezuela. Mientras Trump soltaba su coreografía verbal, en Caracas los vecinos del 23 de Enero cortaban la avenida principal para protestar, porque con el nuevo “aumento” salarial de 240 dólares mensuales no alcanza ni para medio tanque de gasolina, y eso que la llenan con agua del grifo porque la gasolina escasea. La canasta básica ronda los 700 dólares, así que el “baile” se parece más a un tango de la desesperación con pasos de apagón.

Un líder sindical, con menos pelos en la lengua que un calvo, calificó la mejora de “broma de mal gusto”. Y tiene razón: un bono de 30 dólares no es un salario, como un pozo cerrado no es una inversión.

El “dinero que entra a raudales” se va por el sumidero eléctrico. Trump asegura que en Caracas entra mucho dinero petrolero. Quizá no se ha enterado de que los pozos activos son apenas el 27,6 %, y que la producción sigue anclada en un millón de barriles diarios (lejos de los tres millones que se extraían cuando Hugo Chávez bailaba con Fidel). Pero lo más irónico es que mientras “entra dinero” –palabras del republicano–, en Maracaibo se van siete horas diarias sin luz. Siete horas para que un hospital deje de funcionar, un frigorífico se pudra y un niño se quede sin ventilador en 40 grados de calor.

Eso sí, señor Trump: si en el barrio 18 de Octubre prenden una vela para alumbrarse, tal vez parezca un baile de candilejas, pero créanos, es solo la penumbra de siempre.

La cena con los jeques del petróleo tiene mucha salsa y poco pescado. Trump no olvidó mencionar que la víspera cenó con los presidentes de ExxonMobil y Chevron. Suena íntimo: manteles de lino, vinos caros y promesas de inversión. Pero el mismo Darren Woods que hoy “evalúa” Venezuela hace un año dijo que el país no era viable. ¿Qué cambió? Simple: el gobierno interino de Delcy Rodríguez entregó licencias más jugosas que un contrato de arrendamiento en el Ávila, y la Casa Blanca levantó algunas sanciones. El negocio es el negocio, y el sufrimiento del pueblo es un asterisco al pie de página.

Nadie duda de que habrá nuevas operaciones petroleras. Pero que eso no lo confundan con bienestar social. Porque un barril de crudo no es un barril de leche, ni una regalía es una escuela reparada.

Lo que realmente se baila en Caracas hoy no es ningún merengue. De haber algún baile colectivo en la capital, sería el “apagón-tapón”: un pasodoble sincopado entre que se va la luz, se paran los semáforos, chocan tres carros y los motorizados improvisan una rueda de prensa en medio del caos. O el “vals de la cola”: tres horas haciendo fila para comprar harina pan, porque la inflación no perdona y el billete de 500 bolívares soberanos ya sirve más para limpiarse que para comprar.

Por eso, señor Trump, cuando usted dijo que en Venezuela “bailan en las calles”, los únicos que realmente se movieron fueron los tuiteros oficialistas para pedir la letra de la canción. Los demás, con la lengua de la realidad puesta, seguimos tratando de entender cómo es posible que un presidente extranjero vea fiesta donde hay hambre, apagones y salarios de miseria.

Epílogo sin cortinilla musical: A este paso, el único baile que nos queda es el de “la silla”.  –Sí, el juego ese donde das vueltas y tratas de sentarte antes de que te truene la silla. Porque en Venezuela, entre promesas gringas, pozos cerrados y un gobierno interino que firma acuerdos como quien firma autógrafos, lo único coreográfico es intentar no caerse cuando el piso se mueve… y el piso aquí se mueve cada vez que se va la luz.

TeclaLibre recomienda: no crea en bailes que no ve, ni en bonanzas que no siente. Y si alguien le dice que en Caracas están festejando, pídale un video. Preferiblemente sin editar y con el vecino gritando que se le dañó el ventilador.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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