Hace dos semanas, el Tribunal Supremo asestó un duro golpe a las minorías negras y latinas de Louisiana con un fallo que debilita las protecciones de la Ley de Derecho al Voto. La decisión legitima además una agresiva redistribución de distritos a favor del Partido Republicano que diluirá el poder electoral negro en todo el sur. Por su amplio alcance, afecta igualmente a los votantes latinos. Pocos días después, en Virginia, el Supremo estatal anuló un plan de redistribución promulgado por los demócratas, aprobado apenas unas semanas antes en referéndum. Echó así por tierra un rediseño del mapa electoral que habría permitido a los demócratas sumar escaños a partir de alianzas multirraciales. Hasta entonces, la reconquista de la Cámara de Representantes en los midterms del próximo noviembre parecía casi segura. Hoy quién sabe.
Janet Murguía sabe que son muy malas noticias. Lleva más de veinte años al frente de UnidosUS, la mayor organización de defensa de los derechos civiles de los latinos en Estados Unidos. Pocas veces antes esta minoría, la más grande del país, había enfrentado un escenario tan hostil: guerras culturales y políticas auspiciadas desde lo más alto del poder. El blanco principal son los inmigrantes sin estatus legal que han cruzado la frontera sur, pero el ataque alcanza también a las comunidades latinas ya establecidas. Y ese es solo uno de los frentes: los recortes al sistema de salud amenazan con dejar sin cobertura a más de seis millones de latinos que dependen de la Ley de Cuidado de Salud Asequible; el Supremo erosiona su representación política; la desinformación electoral los acecha y los confunde. Pues, como ella dice, “la desinformación es también una forma de supresión del voto”. En fin, lo que está en juego no es una política u otra. Es la capacidad misma de los latinos para defenderse. La ausencia de una respuesta coherente del Partido Demócrata solo agrava el sentido de urgencia.
En una videollamada, Murguía sopesa el momento, elige sus batallas y pone la vista en lo que considera el próximo punto crítico: las elecciones de medio término.
Pregunta. Más de 600.000 deportaciones en el primer año del segundo mandato de Trump. Esa cifra ya supera la de toda su primera presidencia. ¿Qué diferencia cualitativamente estas deportaciones masivas de las de administraciones anteriores, incluida la de Obama, que también fue criticada por la dureza de su política migratoria? Recordemos que Barack Obama fue llamado el “deportador en jefe”.
Respuesta. Diría que es significativamente diferente. Esta es una Administración que ha priorizado la política y la ejecución de las deportaciones masivas de una manera que tiene un impacto importante: no solo desde una perspectiva moral, no solo desde una perspectiva de derechos civiles, sino también desde una perspectiva económica. Y estamos viendo la confluencia de esas tres áreas relacionadas, socavando la capacidad de nuestro país para funcionar y avanzar. Lo que vemos es que esta aplicación extrema de la ley está teniendo un impacto directo en los derechos civiles no solo de nuestra comunidad latina, sino también de los inmigrantes que llevan décadas contribuyendo al país, y de los propios ciudadanos estadounidenses. El exceso y el abuso del gobierno están impactando a todo el país. Esta política es una amenaza no solo para las personas que parecen inmigrantes, no solo para las comunidades hispanas o latinas, sino para todos los estadounidenses. Y quiero repetir esto claramente: el presidente Trump está apuntando a personas que son trabajadores y que no son criminales; personas que han sido descritas como trabajadores esenciales para nuestra economía, que han estado contribuyendo a este país durante décadas. Eso es exactamente lo que dijo que no iba a hacer. La perturbación que esta política está causando en las economías locales se está sintiendo en todo el país, y está socavando nuestra fortaleza económica general de maneras que apenas estamos comenzando a comprender plenamente.
P. ¿Por qué una gran parte del electorado estadounidense sigue apoyando a Trump? Si uno mira lo que pasó en Minnesota, o lo que estamos viendo en Los Ángeles, su apoyo parece mantenerse.
R: No creo que podamos decir que una gran parte del electorado estadounidense sigue apoyando a Trump. Todas las encuestas que hemos visto a nivel nacional, incluidas las que hemos realizado nosotros, muestran que el presidente está en su nivel más bajo de aprobación en la historia de su presidencia, ya sea en el primer o en el segundo mandato. En una encuesta de abril que realizamos con Third Way, la aprobación de Donald Trump entre los votantes latinos e hispanos está 34 puntos en el foso, con más del 66% desaprobando su gestión. En materia económica, la cifra se acerca al 70%.

P. Tiene usted razón. Debí haber sido más preciso. Lo que quería preguntar es por qué su base MAGA sigue siendo sólida, a pesar de algunas fracturas entre los republicanos.
R. Creo que estamos viendo una especie de fragmentación entre los republicanos tradicionales. Lo que cambió significativamente fue el operativo en Minnesota, que trágicamente resultó en la muerte, algunos dirían el asesinato, de dos ciudadanos estadounidenses a manos de agentes del ICE y la Patrulla Fronteriza. Vimos un contragolpe político a partir de ese momento. Incluso los republicanos que habían apoyado la línea dura están cambiando ahora la manera en que hablan de inmigración, porque les ha pasado factura. Y lo veremos reflejarse en las primarias. Las acciones en sí no han cambiado dramáticamente, pero la política está empezando a alcanzarlos. No creo que lleguemos a penetrar del todo en la base MAGA. Pero más allá de eso, estamos viendo una fractura real entre los republicanos tradicionales que reconocen que necesitan abordar este tema de otra manera.
P. ¿Hay alguna posibilidad real de que la Administración modere su política migratoria?
R. No lo creo. Puede que hablen de inmigración de manera diferente, pero es poco probable que las acciones cambien. Lo que sí veo es fricción institucional. En el Congreso hay un bloqueo sobre el financiamiento del ICE precisamente porque no se han establecido salvaguardas: órdenes judiciales antes de entrar en domicilios sin consentimiento, identificación clara de los agentes federales, protecciones para lugares sensibles como escuelas, iglesias y hospitales, cámaras corporales con protecciones de privacidad y acceso público a las imágenes. Esas son las salvaguardas en las que estamos insistiendo, y hasta ahora no ha habido acuerdo. Los demócratas han dicho que no proporcionarán financiamiento adicional sin ellas. Esa retención de fondos puede tener algún impacto. Pero al mismo tiempo, veo a esta Administración redoblando y triplicando la apuesta en otro frente: amenazas a las elecciones, supresión del voto y lo que estamos llamando subversión electoral. Si no logran imponer su agenda en materia de inmigración, van a trabajar muy duro para desafiar las normas democráticas y destruirlas en todo lo que respecta a las elecciones. Lo que estamos viendo ahora mismo con los mapas de redistribución de distritos del Congreso es una señal de exactamente esa intención.

P. Ha documentado que menos del 10% de los detenidos en las redadas actuales tienen condenas por delitos violentos. ¿Es la narrativa de la seguridad nacional simplemente una cobertura para la discriminación racial sistemática?
R. Lo que hemos visto, de manera asombrosa, es el papel del Tribunal Supremo al politizarse de tal modo que la mayoría del tribunal ha dado luz verde a esta Administración para usar tácticas extremas que cualquiera calificaría de perfil racial: patrullas itinerantes que detienen a personas basándose únicamente en su apariencia, sin ninguna causa probable más allá de cómo se ven. Eso habría sido considerado inconstitucional no hace mucho tiempo. El verdadero acelerador de las acciones de esta Administración ha sido esta autorización por parte de un Supremo que actúa de una manera política como no habíamos visto en décadas. Creo que eso es lo que está contribuyendo a tantos de los cambios que estamos viendo, y por qué los controles al poder ejecutivo se vuelven aún más importantes. Por eso el resultado de las elecciones de medio término este noviembre será tan decisivo. Necesitamos ver si el Congreso finalmente afirmará su propia autoridad y desafiará las acciones de esta Administración, muchas de las cuales se han llevado a cabo mediante órdenes ejecutivas que van mucho más allá de lo que permite la Constitución.
P. ¿Puede la movilización ciudadana, como las protestas que vimos en Minneapolis, presionar efectivamente al Congreso para detener las deportaciones masivas?
R. Creo que la movilización ciudadana, el poder de la gente, por usar una frase que está de moda, usar nuestra voz para movilizarnos, protestar pacíficamente, resistir de manera no violenta, es esencial. Gran parte del trabajo que hemos estado haciendo ha sido parte de coaliciones que desafían estas acciones extremas e inconstitucionales donde podemos, realizando entrenamientos para que la gente conozca sus derechos y sepa cómo documentar lo que está ocurriendo. Esa evidencia, las representaciones en video de lo ocurrido, nos ayuda a demostrar qué es verdad y qué no lo es. Sabemos que esta Administración, y ciertamente bajo el mando de la exsecretaria de Seguridad Nacional Kristi Noem, mintió descaradamente sobre lo que ocurrió en algunos de esos operativos. Ser los ojos, los oídos y la voz de las personas que no pueden hablar por sí mismas es algo que todos podemos hacer, y puede marcar la diferencia. Pero más allá de eso, creemos firmemente que nuestro voto puede cambiarlo todo. Si algo hemos aprendido en estos últimos años, es que a quién elegimos importa enormemente en términos de cómo nos gobierna nuestro gobierno y el impacto que sus acciones tienen sobre los ciudadanos. Las elecciones de noviembre pueden ser una de las más importantes que hayamos tenido.
P. De cara a los midterms, ¿cuál es su estrategia concreta para movilizar el voto latino en Estados clave como Arizona, Nevada, Georgia y Pensilvania? ¿Y cómo planean contrarrestar la desinformación que circula sobre candidatos, temas y los propios procesos electorales?
R. En los últimos diez o doce años hemos registrado a más de un millón de votantes hispanos, y vamos a seguir construyendo sobre ese récord. Estamos trabajando en coalición con otras organizaciones que tienen conexiones profundas con las comunidades, y la participación electoral será nuestra máxima prioridad este año. Pero el registro no es suficiente. Tenemos que movilizar, informar y combatir la desinformación. Y en este ciclo, la desinformación es uno de los mayores obstáculos que enfrentamos. Gran parte de lo que tenemos en contra es la desinformación sobre candidatos, sobre temas y sobre los propios procesos de votación. Por eso las organizaciones de confianza como la nuestra, arraigadas en la comunidad, importan tanto. No somos una aplicación ni una cuenta de redes sociales. Cuando la gente no sabe en quién confiar, tiende a recurrir a quienes han estado ahí para ellos. Llevamos décadas siendo defensores de nuestra comunidad, y vamos a contar con esa autenticidad cuando nos comuniquemos con ellos. También usaremos todas las plataformas de redes sociales a las que recurre nuestra comunidad. Al fin y al cabo, la gente va a recurrir a quienes los han ayudado a ellos y a sus comunidades para hacer distinciones. Vamos a asegurarnos de que reciban información veraz y precisa sobre cómo votar, cuándo votar y lo que está en juego.
P. Un análisis reciente muestra que la identificación de los votantes negros con el Partido Demócrata cayó del 77% en 2020 al 66% en 2023. Y el 36% de los votantes latinos que votaron por Trump en 2024 ahora lo consideran un error. ¿Teme que este realineamiento partidista simultáneo se convierta en una crisis existencial para los demócratas en 2026 y 2028?

R. Hay mucha desilusión con el Partido Demócrata, y creo que tenemos que reconocerlo con claridad. En las primarias de Texas de esta primavera, hicimos encuestas y entrevistas poselectorales, y lo que encontramos fue que más del 50% de los votantes hispanos no fueron contactados por ningún partido ni por ningún candidato. Eso es algo de lo que ambos partidos deberían avergonzarse. Los demócratas no pueden consolarse con el hecho de que mucha gente esté insatisfecha con el presidente Trump y el Partido Republicano en este momento. Necesitan trazar una visión para este país, una en la que los votantes latinos, en la que los votantes afroamericanos, se vean a sí mismos como parte central del futuro. Y eso significa, inevitablemente, superar su miedo a la inmigración. Cuando un partido le teme a un tema, no lidera sobre ese tema. Los demócratas necesitan replantearse y pensar seriamente en una solución migratoria que esté intrínsecamente ligada al futuro económico del país, una que reconozca que necesitamos más trabajadores, no menos, y que sacar a una generación de personas que han trabajado y contribuido de las sombras no es solo moralmente correcto, sino un imperativo económico. Hasta que veamos ese tipo de liderazgo, no sé si veremos el compromiso pleno que nuestra comunidad necesita y merece.
P. Los latinos generan más de 3.000 millones de dólares en producción económica, más que casi cualquier otra economía del mundo. ¿Por qué ese poder económico no se traduce en un poder político proporcional?
R. La cifra es de 4,1 billones de dólares. Y la respuesta es la subinversión sistemática en nuestra participación cívica. Es un patrón que se repite, y lo que vimos en Texas no es una excepción. Ambos partidos han subinvertido en el registro de nuestra comunidad, en la movilización de los votantes latinos elegibles, en hacer el trabajo de alcance significativo que realmente llevaría a la gente a las urnas. Y ahora tenemos una amenaza nueva y seria que se suma a todo eso: la reciente decisión del Supremo en Louisiana contra Callais, que básicamente evisceró las salvaguardas que el Congreso había aprobado para proteger el poder de voto de las comunidades minoritarias. Ese caso se destacó con los votantes negros en el sur, pero la decisión impactará la representación hispana en California, Arizona, Texas, Nueva York y otros Estados del país. Así que nos enfrentamos tanto a un desafío de recursos económicos como a amenazas directas a nuestras protecciones constitucionales. Pero vamos a seguir participando y haciendo nuestra parte para asegurarnos de que más votantes latinos e hispanos estén representados en estas elecciones.
P. Usted creció en Kansas y ha dicho que su familia encarnó el sueño americano. Para millones de latinos hoy, ese sueño parece inalcanzable. ¿Qué es el sueño latino en 2026 y en qué se diferencia del sueño americano tradicional?
R. No creo que difiera mucho del sueño americano tradicional. Lo que sí creo es que hoy ese sueño enfrenta una amenaza muy real, tanto desde una perspectiva económica como de derechos civiles. Pero nuestra comunidad no abandona fácilmente los grandes sueños y esperanzas que tiene para su futuro, el de sus familias y el de sus hijos. Hemos demostrado que estamos dispuestos a trabajar duro y a sacrificarnos por ello, que hemos sido resilientes a lo largo de todo esto. El sueño sigue centrado en lo que siempre ha sido: acceso a la salud, a la educación, un empleo, un hogar. La oportunidad económica es fundamental para derribar barreras y crear un futuro para nuestra comunidad, y hemos demostrado de sobra que somos merecedores de esa oportunidad y que nuestras contribuciones benefician a este país. Pero necesitamos poder demostrarles a nuestras familias que esas contribuciones también beneficiarán sus vidas. Nunca, jamás, vamos a renunciar a mantener vivo ese sueño. Está siendo amenazado, no hay duda de ello. Pero seguiremos luchando por él.
P. Y no solo económicamente. El espacio cultural también parece estar amenazado: la posibilidad de contribuir y ser reconocidos culturalmente dentro de esta sociedad. Si ese espacio es negado, se vuelve mucho más difícil pertenecer y prosperar de verdad.
R. Tiene razón, y es un punto importante. Más allá de las políticas migratorias, lo que estamos viendo de esta Administración es un esfuerzo, y no voy a evitar decirlo, que va más allá de coquetear con la supremacía blanca y el nacionalismo blanco. Hay figuras clave en esta Casa Blanca con vínculos con personas que no reconocen las contribuciones de nuestra comunidad y quieren minimizar nuestra capacidad futura de hacerlas. Ese es un desafío profundamente preocupante. Pero mientras tanto, vamos a seguir enfocados en lo que podemos hacer para ver un cambio y un verdadero control sobre el equilibrio de poder de esta administración, que creemos ha actuado de maneras ilegales e inconstitucionales. Esa lucha no es solo sobre políticas. Es sobre quiénes somos y sobre el lugar que hemos ganado en este país.

