Cristina Labat presentó el programa desde París, mientras que Rosina Anglada participó desde Santo Domingo. Jorge Mora Varela compartió una extensa presentación histórica sobre los guerreros tlaxcaltecas y su participación en la conquista y defensa de Filipinas en el siglo XVI, incluyendo detalles sobre la expedición de Magallanes y las batallas contra piratas japoneses en 1582.
Amalia Beatriz Arzak, citando Borges: «La poesía es una provocación que impacta en el lector», nos presenta contexto del legado histórico-cultural filipino con énfasis en José Rizal y Jesús Balmori como representativos de literatura filipina, nos recitó «Mi Último Adiós» de José Rizal, destacando su sacrificio a los 35 años por pedir justicia para su patria.
Ana Delgado Ramos, actual presidenta de la Asociación Internacional de Poetas, Escritores, Arte y Cultura Hispana (AIPEC) expresa que «La poesía nos salva porque somos lo que pensamos; escribir el dolor lo saca de ti», nos muestra su nuevo libro «Terremoto en Victoria», quiere organizar un Congreso en Puerto Rico y reflexiona sobre la identidad puertorriqueña y la importancia del español como lengua oficial, considera que «El español es tan fascinante; ‘te quiero, te amo’ no suena igual en inglés».
María Elena Rodríguez de Perú: «Llorar sobre una hoja es más gratificante que llorar solo con lágrimas; la poesía la concluye el lector, no el poeta», nos leyó poemas de María Adelaida Gurrea Monasterio, incluyendo «No Apedrees Mis Remansos» y «Playa Filipina».
No apedrées mis remansos
que tengo mis aguas quietas,
sedimentados mis cienos,
clarificadas mis linfas:
no apedrées mis remansos
que pueden brotar tormentas.
El árbol de sus riberas
tiene un nido de la luna
con pajarillos de estrellas,
y en sus límpidos espejos
beben goces de belleza…;
no los rompas, no los manches,
no los enturbien tus piedras.
No apedrées mis remansos;
guardan respeto de vientos
y una quietud conventual
donde reposan los cielos:
tienen éxtasis de ensueños
colgados de una oración
en los brazos de la cruz,
tienen caminando a Dios
sobre el piso de su luz.
Y esa canción de tus montes,
y esa espuma luminosa
de tu loca torrentera
le están clavando temblores
a medida que se acerca
el rebrincar de tus aguas
soleadas, cantarínas.
Tuerce el rumbo de tu cauce
hacia praderas floridas.
No atropelles mis remansos
con tu loca torrentera,
ni remuevas en sus fondos
el cieno de sus entrañas,
devolviéndole sabores
de amor, lágrimas y penas:
no atropelles mis remansos
ni entorbellines sus aguas,
si no quieres que mañana,
cuando vayas a beberías,
te sepan acres y amargas.
Playa filipina
Dice su amor a la espuma
una canción de palmeras;
el beso de luz del trópico
incandece las arenas.
Mil caracolas lo gozan,
mil conchas de cien colores
y hay un renovar de ritos
bajo rodares salobres.
El aire suspenso y quieto
va durmiendo los cocales,
las ciegas fosforescencias
bañan su ronda en los mares.
Gayo se va haciendo el cielo
con pinceladas de ocaso
que ennegrecen las siluetas
sobre el fondo iluminado.
Una pantalla de nubes
vela las luces de horizonte
y avanzan las soledades
sobre el llano de la noche.
Saturaciones sensuales
trae la luna, sin vientos.
¡Cuánto amor tiene el Amor
prendido en su encantamiento!
Fue compartida la canción «Filipinas» interpretada por Los Panchos, que evoca la época colonial.
Casita mía, aquella que en mis locas hazañas
Abandoné, tundido en amargura y lloro;
Ahora estará trepando el rosal por tus cañas,
Y se abrirán las rosas sobre tus nipas de oro!
Como es Mayo, tu fronda estará cual ninguna
De fragante y pomposa y cuajada en rocío;
j Solo que en vano todo I En las noches de luna
Siempre estará tu banco de piedra vacío.
¿En donde está el poeta? dirá la flor, dolida;
¿En donde está el poeta? dirá la fuente, inquieta;
Todo preguntará a la mujer querida,
Al amor de mi vida, en donde está el poeta.
Además de la flor, la aura cálida y pura,
Y el frondoso «ilang-ilang» que yo estuve cuidando;
Y la pobre mujer, temblando de amargura
No podrá contestar, porque estará llorando!
Y el poema «Sampaguita» es una profunda metáfora del amor y la identidad filipina, representada a través de la flor nacional, la sampaguita.
Mujer, yo tengo flores . . . Es una flor bonita
Y es como tú pequeña y como tú gentil.
Las gentes de mi pueblo la llaman sampaguita.
Sampaguita de Mayo, sampaguita de Junio, sampaguita de Abril.
¿Qué me importa que mueran tus hojas y tus ramas
Si me estás perfumando porque solo eres mía,
Sampaguita de Mayo, sampaguita de Junio, sampa-
guita de Abril ?
Flor nítida, flor pura, flor galana y divina,
Flor de amor y dolor,
Porque hueles a carne de mujer filipina
Y porque eres, como ella, un rosario de amor.
Sampaguita olorosa que tu perfume prendes
Sampaguita amorosa, sampaguita nupcial;
Tú eres fuerte y altiva; tú te das, no te vendes;
Tú no puedes cambiarte como las otras flores
Por un triste puñado de metal…
FILIPINA DE AYER, poema que rinde homenaje a la figura de la Filipina de ayer, describiéndola como una mujer dulce, pura y digna, envuelta en silencio y serenidad, símbolo de la belleza y nobleza de la patria.
Filipina de ayer, mujer dulce y santera,
De cabellera larga como un velo oloroso;
De serena mirada y de humilde manera;
Envuelta en dignidad y silencio y reposo.
Filipina de ayer, pura como una flor;
Plena de elevación y luz como una llama;
Que nunca te atrevías a mirar al amor,
i Tu que supiste amar como ya no se ama!
i Filipina de ayer, Doña María Peña!
Permite que el poeta que en el ayer te sueña
Como visión de patria, como símbolo santo,
Hoy que se enflora un año nuevo sobre tu frente,
Se incline ante tu vida, rendido y reverente.
i Y alce por ti. hasta Dios, las alas de su canto!
Nos despedimos de la feria virtual del libro, a la espera del evento de cierre que será anunciado próximamente por la Confederación Internacional del Libro. Nos sentimos muy contentos con la poesía compartida y la rica historia filipina presentada durante la sesión.


