Durante largo tiempo se percibió la existencia de un flujo de capitales locales que de manera discreta buscaban posicionarse dentro de la estructura accionaria de las concesionarias internacionales.
Esta forma de inversión que evitó el escrutinio público parece haber operado bajo la premisa de que la influencia política y el peso del capital serían suficientes para doblegar la resistencia comunitaria y obtener los permisos ambientales definitivos.
Sin embargo la realidad política actual ha demostrado que la licencia social es hoy un activo mucho más valioso y determinante que cualquier compromiso financiero previo.
El impacto en los mercados de valores internacionales ha sido devastador y contundente. Las principales corporaciones vinculadas al proyecto experimentaron desplomes históricos en sus cotizaciones reflejando una pérdida de confianza que se traduce en millones de dólares evaporados en una sola jornada.
Este fenómeno pone de relieve el alto riesgo que conlleva ignorar los principios de la ética creativa y la paz social en la planificación de grandes inversiones.
El mercado ha castigado con severidad la falta de transparencia y la subestimación del rechazo ciudadano.
Desde la óptica de la responsabilidad editorial este escenario debe servir como una lección fundamental para el empresariado dominicano.
La verdadera prosperidad no puede fundamentarse en acuerdos que carezcan de una base ética sólida o que atenten contra el equilibrio de la vida en las comunidades.
El desarrollo auténtico exige una armonía entre la rentabilidad y el bienestar común donde la transparencia no sea una opción sino un principio vital.
La crisis en torno a los metales encontrados bajo la cuenca del rio San Juan en Los Romeros confirma que el progreso que se intenta imponer al margen de la voluntad popular termina inevitablemente en el fracaso financiero y el descrédito institucional.
Y en gran medida, cuando esa imposicion se manipula desde inversiones clandestinas que apuestan a su influencia politica para conseguir sus objetivos antidominicanos.