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EDITORIAL: Warsh decepciona a Trump y enfría las expectativas de una reducción de las tasas

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Carlos Márquez Cabrera /

Jackson Hole, es el nombre de un valle en Wyoming. Es el lugar que da nombre al prestigioso Simposio de Política Económica de Jackson Hole, organizado anualmente por la Reserva Federal de Kansas City.

Allí se congregan presidentes y gobernadores de bancos centrales, funcionarios de política económica, economistas y académicos de distintas partes del mundo para discutir los grandes desafíos de la economía y las finanzas internacionales.

Por eso, cuando el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos habla en Jackson Hole, sus palabras son escuchadas mucho más allá de Washington.

Y este año había una razón adicional para prestar atención.

Kevin Warsh utilizó este escenario para pronunciar su primer gran discurso como presidente de la Reserva Federal.

El mundo financiero esperaba conocer cuál sería su verdadera filosofía monetaria y, sobre todo, si abriría la puerta a una reducción de las tasas de interés.

Pero Warsh decepcionó las expectativas de la administración Trump.

Cuando la Casa Blanca esperaba señales favorables a una política monetaria menos restrictiva, el nuevo presidente de la Fed hizo énfasis en el problema que todavía representa la inflación.

Su advertencia fue contundente. Si la Reserva Federal no tiene suficiente confianza en que la inflación está regresando al objetivo del 2% con claridad y a una velocidad suficiente, todavía habrá trabajo por hacer.

Esa expresión fue interpretada por los mercados como una advertencia de que nuevas subidas de tasas siguen sobre la mesa.

Y la reacción fue inmediata.

Las expectativas del mercado sobre una posible subida de tasas aumentaron después del discurso, mientras los rendimientos de los bonos del Tesoro de corto plazo también reaccionaron al alza.

Aquí está el verdadero significado político de lo ocurrido.

Donald Trump ha presionado públicamente por tasas de interés más bajas.

Su administración necesita reducir el costo del crédito y, particularmente, aliviar el enorme costo financiero que representa la deuda pública estadounidense.

Pero Warsh acaba de colocar otra prioridad por encima de esas necesidades: la estabilidad de precios.

Y eso nos conduce al segundo gran elemento de esta historia: Scott Bessent.

El secretario del Tesoro ha defendido medidas para reducir los rendimientos de largo plazo, incluyendo una mayor utilización de recompras de deuda.

Pero esa estrategia puede entrar en tensión con una Reserva Federal que considere necesario mantener o elevar las tasas para combatir la inflación.

No estamos, por tanto, ante una simple diferencia entre dos funcionarios.

Estamos ante una discusión sobre los límites de la política económica del Gobierno y sobre la independencia de la Reserva Federal.

Trump puede pedir tasas más bajas.

Bessent, puede buscar menores rendimientos para aliviar el costo de la deuda.

Pero Warsh acaba de recordar, desde uno de los escenarios más importantes de la economía mundial, que la Fed tiene una responsabilidad que no puede ignorar: devolver la inflación al 2%.

Jackson Hole, esta vez, no le dio a Washington el mensaje que esperaba.

Le dio una advertencia.

La Casa Blanca puede desear tasas más bajas, pero la Reserva Federal no está dispuesta a bajar el precio del dinero mientras considere que la inflación todavía no está bajo control.

Y esa puede ser la verdadera noticia económica de Jackson Hole.

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