-El Estrecho de las Penurias: Entre el misil en Ormuz y el bolsillo en República Dominicana-
Por: Redacción TeclaLibre
Mientras en las alfombras de Islamabad los diplomáticos de Arabia Saudí, Turquía y Egipto intentan desenredar el nudo de una guerra que ya cumple un mes, el humo de los drones en el Golfo Pérsico llega a las costas dominicanas convertido en una pesadilla inflacionaria. La diplomacia de Pakistán busca un «milagro» dominical, pero entre los misiles de Teherán y las represalias de Washington e Israel, el único lenguaje que se entiende hoy es el de la pólvora.
El primer ministro Shehbaz Sharif y el presidente iraní Masoud Pezeshkian han tenido «amplias conversaciones», un eufemismo diplomático que suele esconder un muro de concreto. Irán no va a soltar el cuello de la botella del Estrecho de Ormuz —por donde pasa el aliento energético del mundo— mientras sus centros en Isfahán sigan bajo fuego.
Con un tráfico naviero que ha caído un 95% en marzo, el mercado petrolero no está «sacudido»; está en cuidados intensivos. El Brent ya coquetea con los US$ 106, dejando en el zafacón las proyecciones presupuestarias de US$ 65 con las que muchos gobiernos planearon su 2026.
El coletazo en el patio: ¿Hasta cuándo aguanta el subsidio?
Aquí, en la «isla constitucional», la guerra no se oye, pero se siente cada vez que un dominicano llega a la bomba de gasolina. El gobierno de Abinader ha tenido que sacar de debajo de las piedras unos RD$ 10,000 millones solo para que el galón de Premium no rompa la barrera psicológica de los 300 y tantos pesos de forma estrepitosa.
Sin embargo, la pregunta que flota en el aire de las redacciones y los pasillos del Palacio es: ¿Qué pasa si Ormuz se cierra del todo? El presupuesto nacional se está desangrando en subsidios para contener un estallido social, mientras los rebeldes hutíes se suman a la fiesta lanzando hierros contra Israel.
Resulta irónico que un conflicto a miles de kilómetros, motivado por ideologías milenarias y geopolítica de alto nivel, termine decidiéndose en si una ama de casa en Santiago o un motoconchista en la capital pueden o no comprar la cena.
La reunión en Pakistán es una señal de que el mundo tiene miedo, pero mientras no haya señales de progreso real, seguiremos viendo cómo las cenizas del Medio Oriente ensucian nuestras finanzas caribeñas. La «picardía» de la geopolítica actual es que, en este tablero, los peones siempre somos los mismos.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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