El endeudamiento externo se balancea entre la ilusión del desarrollo y la servidumbre geoeconómica. En el tablero global, lo que se promociona como una genialidad financiera para financiar infraestructura y dinamizar el Producto Interno Bruto se transforma, bajo la presión de la dependencia del dólar y el alza de tasas internacionales, en una bomba de tiempo presupuestaria. En República Dominicana, donde la deuda pública consolidada supera el 59% del PIB y más del 26% de la recaudación tributaria se destina exclusivamente al pago de intereses, la política fiscal camina sobre la cuerda floja: endeudarse en divisas para sostener el gasto corriente mientras el margen para la inversión productiva y el gasto social se reduce aceleradamente.
El endeudamiento externo se balancea entre la ilusión del desarrollo y la servidumbre geoeconómica. En el tablero global, lo que se promociona como una genialidad financiera para financiar infraestructura y dinamizar el Producto Interno Bruto se transforma, bajo la presión de la dependencia del dólar y el alza de tasas internacionales, en una bomba de tiempo presupuestaria. En República Dominicana, donde la deuda pública consolidada supera el 59% del PIB y más del 26% de la recaudación tributaria se destina exclusivamente al pago de intereses, la política fiscal camina sobre la cuerda floja: endeudarse en divisas para sostener el gasto corriente mientras el margen para la inversión productiva y el gasto social se reduce aceleradamente.