Clímax, sudor y banderas: El show de Trump por el cuarto de milenio de EE.UU.
Washington.— El guión estaba escrito para la gloria, pero el clima —siempre un actor rebelde— decidió poner a prueba la fe de la parroquia trumpista. Bajo una ola de calor que derretía el asfalto de la Explanada Nacional y tras una evacuación forzosa por mal tiempo que obligó a miles de almas a repetir el calvario de los filtros de seguridad, Donald Trump se plantó en el escenario. Una hora y pico tarde, sí, pero con el libreto de la «grandeza» bien aprendido para el plato fuerte de los 250 años de la Independencia.
«Durante 250 años, Estados Unidos ha sido la esperanza, la promesa, la luz y la gloria… Intentan ser como nosotros. Nadie puede ser como nosotros», soltó el mandatario para abrir boca, dejando claro desde el minuto uno que la modestia no estaba invitada a la fiesta del cuarto de milenio.
Lo que se vendía como un festejo nacional e institucional terminó oliendo, para sorpresa de nadie, a puro mitin de campaña. Trump no dio puntada sin hilo. Con las elecciones de medio mandato asomando en el horizonte de noviembre, el republicano aprovechó el micrófono para agitar el fantasma del comunismo, sazonado con dedicatorias implícitas a las recientes victorias de los demócratas más a la izquierda en las primarias. «No queremos comunistas en nuestro país. Nunca ha funcionado», sentenció, arrancando los vítores de una marea humana vestida de barras y estrellas.
Y como no hay fiesta completa sin agenda, el presidente sacó a relucir su carta más polémica: la reforma electoral. Con la Ley ‘SAVE America’ encallada en el Congreso, Trump usó el púlpito del National Mall para presionar: identificación obligatoria, prueba de ciudadanía y el fin casi total del voto por correo. El mensaje de fondo quedó claro: la grandeza se mantiene, pero bajo sus propias reglas de juego.
El viaje por la historia que ofreció el mandatario fue un compendio de testosterona y orgullo patrio. Entre banderas históricas y veteranos escoltados al escenario, Trump equiparó la histórica victoria naval sobre la flota española en la bahía de Manila (1898) con el reciente y tenso pulso militar con Teherán. «Nuestra fuerza y poder no son motivo de vergüenza», soltó, sacando pecho por el hundimiento de la Armada iraní.
Para rematar el despliegue de optimismo espacial, prometió que la bandera que ondeaba esa noche sobre el Capitolio pronto viajará en la guantera de los astronautas que —según sus planes— volverán a pisar el suelo lunar.
Por supuesto, la puesta en escena de este Salute to America 250 no estuvo exenta de pimienta política. Mientras la Casa Blanca montaba su universo paralelo llamado Freedom 250 —un intento evidente de opacar a la organización no partidista America250—, la Gran Feria Estatal Estadounidense en la capital terminaba siendo un tanto deslucida. Entre cancelaciones de artistas a última hora, un calor insoportable y una asistencia bastante más tímida de la prometida, el evento oficialista mostró algunas costuras.
El broche de oro —o más bien de pólvora— llegó en la madrugada de este domingo con el mayor espectáculo de fuegos artificiales que ha visto Washington. Un show diseñado para batir récords, pero que, según papeles internos del Servicio de Parques Nacionales filtrados por The Washington Post, dejó a la capital respirando un aire catalogado como «insalubre».
Fuegos artificiales históricos, aire irrespirable, discursos de tintes electorales y un calor sofocante que obligó a suspender desfiles desde Nueva York hasta Los Ángeles. Así sopló Estados Unidos las velas de sus 250 años: dividida, sudorosa, pero convencida de que, para bien o para mal, nadie puede ser como ellos.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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