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EDITORIAL: Donald Trump rompe el tablero, le entra a la Otan y a China

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Carlos Marqquez Cabrera  /

El escenario internacional acaba de entrar en una nueva fase de incertidumbre.

En apenas unas horas, el presidente Donald Trump declaró prácticamente muerto el memorando de paz con Irán, manifestó su disgusto con varios aliados de la OTAN, reactivó sus reclamaciones estratégicas sobre Groenlandia y volvió a advertir que Estados Unidos no permitirá que China consolide su influencia sobre el Canal de Panamá.

No son declaraciones aisladas. Forman parte de una misma estrategia destinada a reposicionar el liderazgo estadounidense mediante la presión simultánea sobre varios frentes.

Sin embargo, existe un dato que Occidente no puede ignorar. Irán tampoco ha dado señales de capitulación.

Desde Teherán, las autoridades sostienen que fueron Estados Unidos e Israel quienes destruyeron las condiciones mínimas para mantener el entendimiento alcanzado semanas atrás.

El gobierno iraní insiste en que no negociará bajo amenazas militares, que responderá a cualquier nueva agresión y que continuará defendiendo su soberanía frente a las presiones externas.

Al mismo tiempo, mantiene que la continuidad de su programa nuclear con fines civiles constituye un derecho reconocido por el derecho internacional, aunque rechaza las acusaciones de buscar un arma nuclear.

Es decir, mientras Washington considera agotada la vía diplomática, Teherán afirma que la paz solo será posible cuando cesen los ataques y las sanciones.

La consecuencia inmediata es preocupante.

El Golfo Pérsico vuelve a convertirse en el principal foco de tensión energética del planeta; la OTAN enfrenta nuevas diferencias internas; Groenlandia reaparece como pieza fundamental de la competencia por el Ártico; y el Canal de Panamá vuelve a situarse en el centro de la rivalidad estratégica entre Estados Unidos y China.

Todo ello configura una política exterior basada en la presión geopolítica permanente.

Pero la historia demuestra que la paz no puede imponerse unilateralmente.

Si una de las partes anuncia el fin del acuerdo, cuando la otra asegura que resistirá cualquier imposición, el riesgo no es simplemente el fracaso de una negociación.

Resulta muy problable la posibilidad de que se inicie un ciclo mucho más prolongado de confrontación.

La gran pregunta ya no es quién tiene mayor capacidad militar.

La verdadera incógnita es si las grandes potencias comprenden que una escalada simultánea en Oriente Medio, en Europa, en el Ártico y el Pacífico podría terminar debilitando la estabilidad económica mundial más alla, de una politica, que fortalezca sus intereses estratégicos.

De todos modos, el tablero geopolitico esta roto y, el presidente Donald Trump se queja de los paises miembros de la Otan y de Groenlandia; al tiempo de advertirle a China que el Canal de Panamá le costo enormes inversiones a Estados Unidos.

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